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9. Mi Pasión

Si ellos aceptan mi plan de formar un único País supranacional y ser su cabeza, eso significa que antes de llevar a cabo esta tarea universal, tendrán que mejorar sus respectivas leyes injustas frente a la libertad, igualdad, derecho… Lo mismo si los líderes de las religiones mundiales aceptan mi plan tendrán que poner fin al culto mundial, porque no serán necesarias. Estos son los sucesos de la Pasión y la Muerte de Cristo, cuando la humanidad entera luche hasta alcanzar la liberación de toda opresión e injusticia.


Si quieren entrar en la vida, cumplen los mandamientos

Todos deben saber que mi misión es llevar a todas las naciones hacia el mundo de la justicia, de la verdad, de la paz, porque ese será mi reino que no es de este mundo (Juan 18:36). Aún quedan gran parte de las naciones que todavía no han enderezado sus leyes nacionales frente a los mandatos universales de la ONU, de la cual son miembros en su mayoría. Se cumple así "Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. Todo mortal entonces verá la salvación de Dios" (Luc. 3:4-6). Me proclamo ser la voz, para que todas las naciones se liberen de sus problemas mundiales poniendo en práctica los mandatos internacionales, así está escrito."Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tim 2,3-4). Yo soy la puerta para entrar en ese Reino, en mí entrarán todas las naciones, una vez que hayan despojado de todos sus problemas nacionales e internacionales. He venido a llamar a los pecadores (Luc. 5:32). Lo invito al Reino y lo haré entrar a todos. "Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa" (Luc. 14:23). Todos son llamados a buscar la liberación si saben decir No a la injusticia con mi mismo espíritu.

Se abrió el tiempo final de la historia, y mi misión se comienza para hacer un llamado a toda la humanidad a prepararse para liberarse de toda opresión e injusticia que existen en el mundo. Llamo al Episcopado católico a liberarse del cautiverio cultual. Llamo a las Naciones Unidas a liberarse de las dictaduras, de la censura, del hambre y la pobreza, de la contaminación ambiental, etc. Ambos tendrán que esforzarse para poner fin a sus respectivos obstáculos, para llegar a ese mundo feliz y perfecto, y así formar con ellos mi reino. Llamo a todos a realizar en la santidad un solo hombre perfecto. La Sociedad Cristiana no tiene nada más que decir, porque no tiene otra tarea que despojarse de todas manchas e impurezas que existen para que ambos poderes universales entren a un mundo donde todos serán libres.

Este es el tiempo de la liberación del cautiverio de los Apóstoles y de las Naciones Unidas, el camino hacia la salida de este mundo viejo, al mundo nuevo de justicia y paz universal. De la esclavitud a la libertad en Cristo, como la primera fase de los últimos sucesos de la historia. Tienen que luchar para alcanzar la victoria universal sobre el Demonio. El tiempo que esta Sociedad Cristiana se prepara para lavarse de toda suciedad, así como se limpia un plato que se friega y se pone boca abajo (2 Rey. 21:13). Es el tiempo de la purificación o el Baño del Pueblo Cristiano.

Atrás quedaron los acuerdos, las conversaciones. Ya están todos dichos, y se comenzó el tiempo de la acción. Si todos los pueblos de la tierra quieren ganar la libertad en toda la tierra, entonces, ante esta expectativa e inminencia, tienen que empezar a movilizarse ya al mismo tiempo, para empezar a erradicar todos los problemas mundiales existentes, para que todas las naciones lleguen a ser uno en mí al fin de esta batalla final.

Aunque el Reino de justicia para todos es todavía futuro, pero este Reino ya está aquí, está en lo alto, donde habitan aquellos que han cumplido los mandatos universales de las Naciones Unidas, que hacen resaltar las faltas y miserias del resto que aún no han cumplido. Llamo a las demás naciones miembros, a quienes considero como pecadoras porque aún no han enderezado sus leyes nacionales, se percaten de su corrupción, y sientan repulsión como yo lo siento. Son naciones que se encuentran desviadas, fuera del orden superior, se sometan a esta ley armónica e internacional. A este mundo inservible como un todo se le conoce a  Satanás, el malo que no es capaz de llevar una vida honesta. Y son imagen suyas como condenados por las leyes internacionales. Entonces esfuércense a alcanzar todas las alturas, "si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos" (Mat. 19:17), a seguir el mismo ejemplo, "Vete y haz tú lo mismo" (Luc. 10:37), a eliminar de la tierra todas las leyes imperfectas para ajustarse a sus respectivas leyes internacionales.

Esta es la última tarea que queda por hacer, limpiar de toda inmundicia que hay en toda la tierra. Todas las naciones deben afrontar y corregir todos los problemas mundiales para que se cumplan todas las leyes internacionales. Todos los pueblos de la tierra, hombres y mujeres, jóvenes y viejos deben unirse a mí, como su rostro visible, para exigir a todos los gobernantes que cumplan todas las leyes internacionales en sus respectivos países que son miembros de las Naciones Unidas comprometidos con la Carta. Que luchen para que todas las naciones alcancen su nivel superior, como los primeros que han alcanzados. Que luchen hasta el final para que la tierra sea liberada por completo de todos los males mundiales. Hacer que se cumpla todo lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas, esta es mi primera prioridad. La prosperidad de la humanidad dependerá de mí, con la colaboración de todos los seres humanos será lograda.


El Hombre es libre para liberar al Otro

A aquellos países que han ganado, se sienten ricos, satisfechos porque guardan los mandamientos, están en el mundo de arriba porque son libres, son los que no tienen nada más que hacer, ya se consideran perfectos, porque no necesitan nada más. Así como está escrito: "En esto se le acercó uno y le dijo: 'Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? El le dijo: '¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.' '¿Cuáles?' - le dice él. Y Jesús dijo: 'No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.' Dícele el joven: 'Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?'" (Mat. 19:16-20).

Sin embargo, guardar los mandamientos universales de las Naciones Unidas no son suficientes, los que están en el mundo superior ya son libres no para quedarse con los brazos cruzados, sino que están para liberar al Otro. "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mat 19:21). Ellos, aunque digan que son justos, perfectos, por tener cumplidos los mandatos universales, tendrán que realizar esta otra tarea para ser plenamente perfectos, no solo deben ser ricos sino que también deben ser solidarios con los que necesitan. Aunque tienen de todo, le faltan solo una cosa: es desarrollar la capacidad de compartir sus riquezas con los necesitados, como nueva forma de poseer y usar los bienes.

Una larga historia ha terminado, y se comienza esta etapa final de la historia, cuando todas las áreas de la Sociedad Humana ya lo tiene de todo y en su apogeo, por ejemplo, en el campo de la alimentación, no solo ya se produce suficiente alimentos para alimentar a todos los habitantes de la tierra, sino que también cuenta con la ciencia y la técnica necesarias en cuanto a la nutrición y el acceso a los alimentos. Ya tienen lo suficiente como para empezar a erradicar el hambre y la pobreza mundial. Lo mismo en todas las áreas del conocimiento humano, están maduras, preparadas, entrenadas para abrir esta nueva etapa y final de la historia, realizar la tarea de poder satisfacer plenamente a los que están sedientos de justicia, de paz.

Yo no estoy para los justos que están arriba, en lo alto, porque ellos no necesitan nada, sino para los que no han alcanzados todavía, los que están perdidos, los que aún no guardan los mandatos de la Naciones Unidas. Estos si me necesitan. Yo estoy con el mundo que está al margen de la Ley internacional, con los débiles, con los que sufren, con los que no pueden salir adelante por sí solo. Así como está escrito "No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores" (Luc. 5:31,32).

El Hombre tiene todas las soluciones, y está preparado para lo nuevo y definitivo, pero lo único que le falta es la voluntad política. Este no es el tiempo para hacerse el desentendido y pasar de largo ante tanta forma de injusticias que hay en el mundo (Luc. 10:25-37). Llamo a todos a abrir su corazón para aceptar el desafío que significa construir un mundo mejor mediante la liberación del Otro.

Las campañas contra el hambre y la pobreza ya está emprendida, porque las Naciones Unidas elaboró también documentos para tales propósitos, como la "Declaración del Milenio", ha habido grandes adelantos, pero lentos por la poca voluntad de los gobiernos que se han comprometidos, debido a factores ajenos, como la crisis económica, ocurrida últimamente. Ya se han levantado millones de personas de muchos países del mundo contra la pobreza, pero es ahora que se ha abierto el tiempo final, como el tiempo de la acción, tiempo propicio para contrarrestar la poca voluntad política de los gobiernos de países industrializados, porque no habrá nuevos obstáculos en el camino que entorpezcan a la libre acción contra el mal mundial.

Se abrió el tiempo nuevo, donde el hombre ya no tendrá más motivos para provocar nuevos conflictos armados, nacionales e internacionales. No habrán más guerras, solo quedan conflictos armados existentes como las últimas de la historia que se irán reduciendo hasta su eliminación. Por lo tanto, es tiempo que cumplan los tratados sobre el Desarme mundial, para destinar dineros necesarios, como también donaciones de particulares, para disponer de servicios sociales básicos para todo el planeta. Llegó el tiempo para que las espadas se conviertan en rejas de arado, y poner fin al entrenamiento militar para la guerra como dice en Isaías 2:4, texto que está en el frontis del edificio de la Organización de las Naciones Unidas. Mi misión como cabeza visible, me corresponde animar, amonestar, exhortar, reprender a los gobiernos para que cumplan todos los tratados internacionales (Neh. 5:7; 2 Ti 4:2).

Si la humanidad acepta que yo sea su voz, hará lo que yo digo, acatando mi llamado a movilizarse, en los conciertos, en los acontecimientos deportivos, en los colegios y las universidades, en todas partes, que hagan suya mi proclamación que todos los pueblos de la tierra deben regirse por las leyes internacionales, administradas por la ONU, y que todos sus gobiernos cumplan todos sus mandatos. 

Ha llegado el tiempo, que empiecen a limpiar la tierra, los ríos, los mares, las ciudades de toda contaminación, y que la flora y fauna sean protegidas. Como también ofrecerse para ir a lugares donde están los necesitados para salir del hambre y la pobreza. Hay mucho trabajo por hacer y lo necesito a todos. Todos son llamados para que sean mis ayudantes en la construcción del reino de justicia y paz, para que esta sociedad cristiana sea como la piedra que destruya este mundo viejo y crezca hasta llegar una gran montaña que llene toda la tierra (Daniel 2:35).

Toda la humanidad se una a mí para exigir un cambio de mentalidad de sus gobernantes que cuando se reúnan en futuras cumbres mundiales, tomen como su primera prioridad el compromiso de la Carta fundamental de las Naciones Unidas. Que se preparen a tomar medidas, estrategias, presupuestos de los programas más eficaces para poner fin a todos los problemas mundiales que afectan a la humanidad y así dar por cumplida todas las obligaciones internacionales, tanto en enderezar las leyes nacionales como en completar la ayuda al necesitado. Luchar sin descanso hasta que el mundo sea liberado por completo, una tarea que nada ni nadie podrá detenerlo.


Los Apóstoles son llamados a abandonar el culto católico

La Sociedad Cristiana, es el Reino de Dios, que tiene a la Ley Internacional, como el más alto grado de la libertad de la ley nueva: ley perfecta de libertad. Esta es mi Ley, la Ley civil de Dios para que todos conozcan como Hombre libre. En ella se basa mi plan, mi proyecto liberador, que todos sean iguales, los mismos derechos, que todos sean hermanos. La libertad y la dignidad de los seres humanos constituyen el centro de mi mensaje. Con esta libertad que haré libre a todas las naciones de toda opresión e injusticia, de todas esclavitudes que existen (Gál. 5:1).

Todas las naciones deben saber que este Dios es el Hombre libre, sus leyes internacionales son ajenas, apartadas de las leyes religiosas y de tradiciones. Son leyes que fueron redactadas y promulgadas por hombres libres, que están limpias de ceremonias o la observación de los ritos, prescripciones, costumbres del culto religioso. Es la Ley del Hombre libre, y yo imito a Él. Él es mi modelo, por representación. Yo no vengo de un seminario, del sacerdocio ritual, sino del pueblo libre. No soy observante de la ley religiosa, sino de la ley del Pueblo, de la libertad. Este es mi Dios, que no es el Dios del culto.

El Colegio Episcopal, con el Papa a la cabeza, se someten a reglas estrictas en el cumplimiento de los gestos rituales: su preparación para la misa u otras actividades litúrgicas fuera conforme a las prescripciones en forma eficaz.. Sin embargo, le digo a Pedro que está a cargo de la institución ritual que Dios no está en ese lugar, sino en el Hombre libre es donde se encuentra a Dios. No se trata de que le esté hablando de un nuevo Dios, sino del mismo Dios del Papado, pero de una forma nueva: la libertad. Mi Dios es el único que es abierto a todos los seres humanos.

Hablo del mismo Dios de la Iglesia del Papado, estoy de acuerdo en el plano doctrinal en todo sentido, pero mi comportamiento como hombre libre se opone a ello, porque mi Dios tiene una forma de ver en los asuntos humanos opuesto al de ellos. El Dios de ellos se basa en sus doctrinas que no va más allá del campo teórico, sus obligaciones y normas lo ponen al hombre al servicio de la religión, lo que oprime y esclaviza al ser humano. Aferrados a sus ritos demuestran su incapacidad de solidarizar con el mundo marginal, no puede liberarlo, tienden a pasar de largo frente al dolor y el sufrimiento. En cambio mi Dios es quien si puede liberarlo, porque la libertad del hombre es la libertad de Dios. Por eso el Dios del Papado no es mi Dios.

El Papado pone la religión por encima del hombre, yo al revés, pongo al hombre por encima de la religión, "Si entendierais qué significa “Prefiero la misericordia al sacrificio,”... Porque el Hijo del hombre es señor del sábado" (Mat. 12:7,8; Mar. 2:27,28). .Porque así han decidido los países y sus gobiernos regirse por leyes internacionales, y no por las leyes religiosas. Y yo como hombre libre puedo quebrantar cualquiera de las leyes religiosas las veces que quiera, porque no tienen efectos sobre mí. Así está escrito sobre mi comportamiento (Mar 1:41; 3:1-5; 5:41; Luc. 7:14; 13:10-17; 14:1-6). Son leyes inservibles, son basuras. El futuro y verdadero ocupante del trono de San Pedro será el pueblo de Dios, y yo soy hombre libre, por eso como soy del pueblo me opongo la desigualdad entre los hombres sacerdotes y las mujeres monjas. Apoyo a las monjas que se han integrado a los movimientos internacionales de protestas por los atropellos a sus derechos humanos, y que tengan los mismos derechos que los hombres, ser sacerdotisas y obispas.

Si los Apóstoles desean seguirme, le permito que ellos quebranten sus propias leyes religiosas como casarse, el no hacer misas, el no ejercer todos los sacramentos y sacramentales, permitir a las monjas obtener sus derechos, y lo defenderé si lo hicieran, porque se cumplirán lo que está escrito (Mar. 2:15, 18,23; 7:11-23). Antes que los Apóstoles deseen seguirme a mí, deben enderezar todas las normas eclesiásticas, como establece la igualdad y los derechos humanos por las Naciones Unidas.

Quebrantar las leyes significará en lugar de producir impureza (Lev. 13:15; 2 Rey. 7:3; Núm. 19:11-14; 2 Rey. 23:11s), será salud, vida y liberación para todos los que profesen el sacerdocio, y lleguen a ser libres como yo lo soy.

Esta es mi misión, hacer cumplir lo que está escrito, elegir a los Doce Apóstoles, que conforma el Cuerpo Episcopal como hombres libres para gobernar conmigo a las naciones en la otra Vida (Mat 4:18-22). A los Apóstoles le quiero anunciar que ha comenzado el acontecimiento hacia la muerte de Cristo, hacia la salida del mundo viejo, para emprender este camino tendrán que prepararse para poner fin a los ritos litúrgicos y sacramentales, signos externos que se han practicado por siglos, en forma repetitivas de gestos y actitudes, peregrinaciones y procesiones, ritos cuaresmales, de la semana santa, etc.

Tanto el Papa como todos los Obispos deben romper todos los lazos rituales que se oponen a mi voluntad, antes de entrar en el mundo de justicia, donde podrán seguirme para prepararle a ser mis futuros pastores sobre ese mundo justo (Mar. 1:17). Donde está Dios que se moverá en un ámbito de libertad, no se necesitará adoración, alabanza, servicio, rito (Isa. 1:11-15; Amó. 5:21,22). A Él encontrarán, no en estas cosas, sino en el servicio al necesitado.

Toda la Sociedad Cristiana que forme mi Cuerpo social tienen que ser de mi misma naturaleza, todos tienen que ser semejante a mí, sin excepción, por eso los Apóstoles, a quienes elijo no pueden estar en una naturaleza distinta a la mía. El oficio religioso de ellos, aunque es su trabajo, su modo de vida, que consideren como un bien material y apreciado, pero esta cosa buena se opone a mi gloria, como hombre libre. Por eso yo le digo a los Apóstoles con el Papa a  la cabeza, que deben renunciar todas las prácticas rituales antes de seguirme en mi camino hacia la edificación del mundo justo. Si quieren ir a la Vida Eterna, deben despojar, desprenderse por completo de estas cosas terrenales. Deben venir a mi solo con lo puesto, porque le voy a preparar para reinar conmigo en el último día.


No debe haber templo alguno en el mundo justo

Yo invito a todos a entrar en mi camino, incluyendo a aquellos que sirven, adoran a los dioses de las demás religiones, monoteístas y politeístas, cristianas y no cristianas, milenarias y recientes. Si desean seguirme, antes deben abandonar a sus dioses que atropellan los derechos de las personas, que en vez de servir al pueblo, se enseñorean sobre el. Todas las religiones hablan del mismo Dios según las culturas, pero a ese Dios lo veo como dioses ajenos, extraños, porque son severos, intransigentes, intolerantes, discriminadores, que esclavizan y no liberan a los seres humanos. Son dioses que se encuentran sometidos en sus templos, en sus leyes, en sus ritos, en sus fiestas. Y a sus dirigentes religiosos, observantes, piadosos, son todos como escribas y fariseos porque desoyen las exigencias de la justicia. Todos hablan del mismo Dios pero no lo conocen como yo lo conozco bien.

Las leyes religiosas han servido a los seres humanos que son pecadores que no pueden cumplir, esas leyes son detestables, que hace falta un liberador. En cambio, mi ley de la libertad es verdadera porque todos los seres humanos podrán cumplir y no pecar nunca más (Gál. 3:13; Rom.7:13-25).

Le hago un llamado a todos los pueblos de la tierra, que ya no es tiempo para seguir sirviendo a dioses de las religiones, ni postrarse ante ellos, ni le rindan culto, ni les ofrezcan sacrificios. Su tiempo se acabó, “Retirad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos, y mudaos de vestido” (Gén. 35:2), porque se ha abierto el tiempo para que todos pongan su corazón solo a mi Dios y servirle a Él, porque solo El es quien los librará de todos los pecados globales o problemas mundiales existentes (Jos. 24:23; 1 Sam. 7:3).

Los dioses de las religiones no son nada, son ídolos. Y soy yo el único, que haré los cielos, es decir, el mundo justo para todos (1 Cro. 16:26; Sal. 96:5; Jer. 18:11). Si esos dioses no son capaces de crear este nuevo cielo y una nueva tierra deben desaparecer, porque no pueden librar a las naciones de los problemas mundiales (Isa. 36:18; Jer. 2:28).

Solo los Apóstoles quienes deben dejar todo atrás para estar conmigo en mi reino como nuevos y únicos pastores, solo ellos serán mis futuros sacerdotes, pero no haré pacto alguno ni con los líderes de las religiones mundiales ni con sus dioses, porque no dejaré rastro alguno de ellos de la faz del planeta (2 Cró. 33:15).

Para mí las religiones no me hacen falta para liberar a la humanidad. Si sus dirigentes quieren que la injusticia ya no tenga memoria ni venga al pensamiento en un futuro próximo, entonces tendrán que colaborar con el Papa para que éste continúe con su trabajo a través del diálogo ecuménico con los demás cristianos, y el diálogo interreligioso con los no cristianos, con el fin de llegar a un acuerdo para poner fin a todas prácticas religiosas y también sociales de la faz de la tierra, y que todos lleguen a ser uno, aceptando a los Apóstoles renovados como sus únicas futuras autoridades eclesiásticas y a mí como su nuevo cabeza y a mi futura Iglesia, un único Viviente, como el verdadero ocupante del trono que estableceré al fin de los tiempos en la Ciudad del Vaticano.


El tiempo hacia el triunfo mundial de la Sociedad Cristiana

Ha terminado una larga historia, y se irrumpe el Reino de Dios, que es la Sociedad Cristiana, completa, fuerte y triunfante, mientras que los males existentes son como barros, débiles, como los pies de la estatua del sueño de Nabucodonosor (Dan. 2:33). Por eso, todas las leyes internacionales ya cantan victoria, porque tienen los primeros países, ciudades, empresas, etc., que han cumplidos sus exigencias,  y seguirán creciendo, triunfos tras triunfos con los restantes del mundo, hasta el último de ellos para alcanzar la completación global. Mientras que la opresión a su vez, está en decadencia, y seguirá disminuyendo hasta su erradicación definitiva. Como ejemplo, el sistema democrático es triunfante, ya hay muchos países que viven en democracia, y seguirá creciendo hasta abarcar a todos los demás países, mientras que las dictaduras debilitadas se irán disminuyendo una tras otra, hasta la última, para hacer desaparecer de la faz de la tierra. Ya hay muchas enfermedades curables, y la medicina seguirá encontrando curas definitivas para las enfermedades restantes hasta completar como un mundo sin enfermedades incurables. O todas las ciencias y tecnologías se perfeccionarán al máximo al resolver sus problemas pendientes (2 Cró. 29:16).

Esto ocurrirá en todas partes de la Sociedad Cristiana por igual, como el Reino de Dios de justicia y paz se irá creciendo hasta alcanzar el triunfo mundial, y el mundo del mal se irá reduciendo sus problemas simultáneamente hasta llegar a cero. Este es el tiempo que este hombre total se prepara para purificarse de una vez (Lev. 14:9; Neh. 12:30).

Este es el tiempo de las últimas cosas, porque ya están las soluciones definitivas, o de última generación, y no habrán otras nuevas, lo mismo los males que hay actualmente son las últimas, es todo lo que hay, y no habrán otras nuevas y desconocidas. Los bienes de la sociedad son definitivas pero inicial, por ejemplo, todavía hay enfermedades incurables, pero ya se han hallado curas incipientes, en estudio, en laboratorio, o primeros avances, y seguirán avanzando hasta que encuentren curas en plenitud para todas las enfermedades que existen.  

El Reino de Dios ya está, o sea cada parte o departamentos especializados de la Sociedad tiene su triunfo o perfección incipiente, como los primeros pueblos que disfrutan de la libertad, por ejemplo, pero será plena cuando se vaya erradicando progresivamente los poderes del mal hasta el último que hay en la tierra (2 Tes. 2:7). El Reino de Dios ya está pero todavía no, o sea, seguirá siendo el mismo Reino pero será mejorado al máximo. Por ejemplo, el auto está completo tiene todas las piezas, seguirá siendo el mismo auto, de última generación, es decir, que no se inventarán nuevas piezas, sino que se perfeccionarán las ya existentes. Todas las cosas harán sus últimos ajustes para alcanzar la máxima perfección. De la eficacia incipiente a la eficacia plena del Último Hombre.

Todas las partes de la Sociedad definitiva, crecerán al mismo tiempo a su triunfo final, y mientras que todos los males reducirán al mismo tiempo a su derrota final. Como la estatua de Nabucodonosor, en su parte final, con los pies, en parte de hierro, y en parte de barro. No habrá, por ejemplo, que unos males reduzcan y otros avancen, o se hagan más fuertes, sino que todos están debilitados e irán al mismo tiempo a su desaparición, por la fuerza de la Sociedad cristiana semejante a hierro.

La historia antigua está cumplida, y se abre este tiempo final, que como Hombre viejo se irá muriendo de a poco hasta su total desaparición. Lo nuevo que es la libertad irá creciendo hasta alcanzar el triunfo mundial, mientras que la injusticia se irá disminuyendo hasta su desaparición total. Así será esta marcha hacia la conquista de un mundo justo para todos.

Esta es mi petición, que todos deben despojarse por completo del hombre viejo para revestirse en el nuevo antes de venir a mí, como Pablo escribió "Se les pidió despojarse del hombre viejo al que sus pasiones van destruyendo, pues así fue su conducta anterior, y renovarse por el espíritu desde dentro. Revístanse, pues, del hombre nuevo, el hombre según Dios que él crea en la verdadera justicia y santidad" (Efe. 4:22-24). “Revístanse del Señor Jesucristo" (Rom 13:14).

Esto significa que la erradicación del mal mundial está al final de la etapa actual. Se producirá todos los fines de las corrupciones globales al mismo tiempo, como el fin del culto, el fin de las dictaduras, el fin de las enfermedades incurables, el fin de la impunidad, el fin del hambre, el fin de la pobreza, y así seguir enumerando todos los demás fines. Como está escrito “el fin de todas las cosas está cerca” (1Ped. 4:7).

Este es el tiempo nuevo que se abre coincidiendo con mi mensaje para anunciar a las naciones, que quedan solamente los actuales problemas mundiales que superar para alcanzar la formación de un solo bloque de naciones libres, soberanas, independientes y democráticas. Atrás quedó la larga historia humana, y ahora se abre un nuevo principio y fin de otro tipo de historia, como el tiempo del Segundo Adán, el hombre definitivo que crecerá desde los primeros perfectos hasta los últimos.

En la historia anterior, el ser humano podía erradicar unos males, era incapaz de resolver en otros, aparecían otros nuevos y había que buscar nuevas soluciones. Pero en este tiempo final es distinto, porque ya están todas las soluciones definitivas incipientes, que serán mejoradas al erradicar todos los problemas mundiales que existen y al mismo tiempo. Ahora si se puede decir que el mundo justo para todos está a la vista, al alcance de la mano. Ya se comienza a avizorar la luz al final del túnel. Ya se puede decir que la meta, como la victoria final del Occidente Cristiano, que se encuentra preparado para derrotar todos los problemas mundiales. Es inminente, porque los males actuales son los últimos de la historia que superar para llegar a la libertad, a la justicia. El fin del mundo opresor está a la puerta.


Es el camino hacia mi Muerte

Mi misión es llevar a las Naciones Unidas a su triunfo mundial, al poner fin a todos los problemas mundiales, es el signo de mi Pasión. Esta lucha de la humanidad contra los pecados globales, de la desigualdad, la injusticia, los atropellos a los derechos humanos hasta lograr su erradicación significará el camino hacia mi Muerte.

Sí, tú me pides libertad y derechos humanos para todos, que todos los seres humanos son iguales, etc, como establecen los mandatos universales de las Naciones Unidas, yo acepto asumir esta tarea, con la condición de que una vez te haga cumplir tus deseos, de que todas las cosas sean de mi propiedad por su incorporación a mí como mis miembros, obteniendo el derecho absoluto de ser la Cabeza visible de todos ellos. Que todas las naciones lleguen a ser mi pueblo y yo llegue a ser su Rey.

La Sociedad es única, pero los departamentos especializados son como pedazos desparramados y sucios, si tú quieres, haré juntar todas estas cosas dispersas, incorporándose a mí en un solo hombre perfecto, como mi Cuerpo. Será con tu consentimiento que yo restaure todas las cosas en mí (Efe. 1:10). Si las naciones son llamadas miembros de las Naciones Unidas, entonces serán mis miembros por ser la Cabeza. Incorporarse a mí, es pensar y sentir junto a mí, tener los mismos fines, como está escrito. “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17:21). Son todos llamados a formar un solo Cuerpo social en mí, por eso es necesario que sean incorporados a mí si quieren ser liberados. Solo yo, y nadie más, que podré unir a mis miembros, porque "sin mí no pueden hacer nada" (Juan 15:5).

Tu no eres superior a mí, ni yo inferior a ti, sino que los dos estamos en una misma causa. Obedecerte porque tu orden es paterna. Tú manda, yo obedezco. Yo como la cabeza visible conozco por adelantado todo lo que sucederá, mientras que las partes de la sociedad humana, como mis miembros, irá descubriendo poco a poco mis decisiones, obedeciendo y preparándose para morir "vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti" (Apo. 3:3).

Es necesario que todos deseen verdaderamente cumplir su misión de permanecer unidos a mí hasta la Muerte y aceptar en perecer el uno por el otro. Todos deben decir que quieren estar unidos a mi en el acto supremo de la Muerte del Cuerpo Humano. Si cada parte especializada de la sociedad cristiana esté dispuesto liberarse de sus problemas pendientes, significa aceptar su propia muerte. Todos ellos desearán su propia muerte, como Pablo dice "deseo morir para estar con Cristo" (Fil. 1:23). Querrán decidirse firmemente de vivir conmigo, anhelando morir en mi compañía. Asumiré como mía la Muerte del hombre entero. Mi muerte será completa con todos aquellos que deseen morir conmigo.

El deseo de la sociedad humana de acabar todos los problemas mundiales, será indudablemente que no habrá instante de vacilación en cada uno los departamentos especializados; se abalanzarán alegre conmigo hasta la muerte en cruz. Porque así se cumplirá lo que está escrito “obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. 2:8). Haciendo ejecutar este proyecto, que como dice: “Es preciso que el hijo del hombre padezca mucho… y sea muerto” (Luc. 9:22). Este hijo del hombre, son los miembros de mi Cuerpo y yo, su cabeza, un único Hombre entero.

La unión mundial en lo político, económico, monetaria y social, a la semejanza del occidente cristiano, será la unión perfecta de las Naciones Unidas como miembros unidos a mí para expirar en la cruz "para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia" (Fil. 1:21). Debo morir para poder congregar en un Cuerpo a todos los departamentos especializados que están dispersos (Juan 11:50-52).

Si yo muero, todos las partes de la Sociedad mueren de una vez conmigo. Se unirán a mí para morir, como en un ser humano, sí la cabeza muere, muere sus manos, sus pies, todos los miembros de su cuerpo. Lo mismo, en mi muerte todos serán sepultados conmigo (Rom. 6:4).

Esta Muerte, no llegará hasta el último miembro elegido haya salido definitivamente de la zona del pecado. Ya que para construir el Reino de Dios y su justicia, será prepararse para una buena muerte, a morir bien. Será la subida de Jesús a Jerusalén (Catecismo de la Iglesia Católica, nros. 557-560), que equivale la entrada al mundo justo, como Hombre único. El fin de toda opresión e injusticia será de una vez en todas partes de la Sociedad, como está escrito. "está establecido que los hombres mueran una sola vez…de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez para quitar los pecados de una multitud " (Heb. 9:27,28). Yo muerto, lo veré a todos morir unidos a mí. Mi muerte será completa con todos ellos.


Estará cumplida

Yo no descansaré hasta que todos los mandatos universales sean cumplidos por todos los países de la tierra. Ahí diré que el sufrimiento habrá terminado, cuando todos los miembros del Cuerpo social hayan sido liberados de todos los pecados globales, y que quieran todo lo que yo quiero. A esta altura la Ley Internacional estará plenamente cumplida, que a su vez todas las partes de la sociedad se hayan incorporados a mí. 

Mi obediencia estará completa, por haber cumplido  todo cuanto me hayas ordenado, y podré morir «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu" (Juan 19:30), y para ofrecerte a ti la muerte de cada uno de los miembros. Estará terminada mi misión, una vez cumplida la tarea de llevar al mundo a la justicia. Así será mi Muerte, todas las partes de la Sociedad cristiana y yo, el Hombre entero. La Pasión de Cristo-Total habrá terminado.


8. Soy tu rostro visible

10. Mi Muerte




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