|
Solo
con tu aporte me permitirá hacer crecer mi proyecto de
misión. Si lo deseas, pulse en el botón de abajo
|
|
|
|
|
Si ellos aceptan mi plan de formar un único País
supranacional y ser su cabeza, eso significa que antes de llevar a cabo
esta tarea universal, tendrán que mejorar sus respectivas leyes
injustas frente a la libertad, igualdad, derecho… Lo mismo si
los líderes de las religiones mundiales aceptan mi plan
tendrán que poner fin al culto mundial, porque no serán
necesarias. Estos son los sucesos de la Pasión y la Muerte de
Cristo, cuando la humanidad entera luche hasta alcanzar la
liberación de toda opresión e injusticia.
Si quieren entrar en la vida, cumplen los mandamientos
Todos deben saber que mi misión es llevar a todas las naciones
hacia el mundo de la justicia, de la verdad, de la paz, porque ese
será mi reino que no es de este mundo (Juan 18:36). Aún
quedan gran parte de las naciones que todavía no han enderezado
sus leyes nacionales frente a los mandatos universales de la ONU, de la
cual son miembros en su mayoría. Se cumple así "Esto ya
estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito
en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus
senderos. Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros
allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas
las asperezas de los caminos. Todo mortal entonces verá la
salvación de Dios" (Luc. 3:4-6). Me proclamo ser la voz, para
que todas las naciones se liberen de sus problemas mundiales poniendo
en práctica los mandatos internacionales, así está
escrito."Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tim 2,3-4). Yo
soy la puerta para entrar en ese Reino, en mí entrarán
todas las naciones, una vez que hayan despojado de todos sus problemas
nacionales e internacionales. He venido a llamar a los pecadores (Luc.
5:32). Lo invito al Reino y lo haré entrar a todos. "Sal a los
caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa" (Luc.
14:23). Todos son llamados a buscar la liberación si saben decir
No a la injusticia con mi mismo espíritu.
Se abrió el tiempo final de la historia, y mi misión se
comienza para hacer un llamado a toda la humanidad a prepararse para
liberarse de toda opresión e injusticia que existen en el mundo.
Llamo al Episcopado católico a liberarse del cautiverio cultual.
Llamo a las Naciones Unidas a liberarse de las dictaduras, de la
censura, del hambre y la pobreza, de la contaminación ambiental,
etc. Ambos tendrán que esforzarse para poner fin a sus
respectivos obstáculos, para llegar a ese mundo feliz y
perfecto, y así formar con ellos mi reino. Llamo a todos a
realizar en la santidad un solo hombre perfecto. La Sociedad Cristiana
no tiene nada más que decir, porque no tiene otra tarea que
despojarse de todas manchas e impurezas que existen para que ambos
poderes universales entren a un mundo donde todos serán libres.
Este es el tiempo de la liberación del cautiverio de los
Apóstoles y de las Naciones Unidas, el camino hacia la salida de
este mundo viejo, al mundo nuevo de justicia y paz universal. De la
esclavitud a la libertad en Cristo, como la primera fase de los
últimos sucesos de la historia. Tienen que luchar para alcanzar
la victoria universal sobre el Demonio. El tiempo que esta Sociedad
Cristiana se prepara para lavarse de toda suciedad, así como se
limpia un plato que se friega y se pone boca abajo (2 Rey. 21:13). Es
el tiempo de la purificación o el Baño del Pueblo
Cristiano.
Atrás quedaron los acuerdos, las conversaciones. Ya están
todos dichos, y se comenzó el tiempo de la acción. Si
todos los pueblos de la tierra quieren ganar la libertad en toda la
tierra, entonces, ante esta expectativa e inminencia, tienen que
empezar a movilizarse ya al mismo tiempo, para empezar a erradicar
todos los problemas mundiales existentes, para que todas las naciones
lleguen a ser uno en mí al fin de esta batalla final.
Aunque el Reino de justicia para todos es todavía futuro, pero
este Reino ya está aquí, está en lo alto, donde
habitan aquellos que han cumplido los mandatos universales de las
Naciones Unidas, que hacen resaltar las faltas y miserias del resto que
aún no han cumplido. Llamo a las demás naciones miembros,
a quienes considero como pecadoras porque aún no han enderezado
sus leyes nacionales, se percaten de su corrupción, y sientan
repulsión como yo lo siento. Son naciones que se encuentran
desviadas, fuera del orden superior, se sometan a esta ley
armónica e internacional. A este mundo inservible como un todo
se le conoce a Satanás, el malo que no es capaz de llevar
una vida honesta. Y son imagen suyas como condenados por las leyes
internacionales. Entonces esfuércense a alcanzar todas las
alturas, "si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos" (Mat.
19:17), a seguir el mismo ejemplo, "Vete y haz tú lo mismo"
(Luc. 10:37), a eliminar de la tierra todas las leyes imperfectas para
ajustarse a sus respectivas leyes internacionales.
Esta es la última tarea que queda por hacer, limpiar de toda
inmundicia que hay en toda la tierra. Todas las naciones deben afrontar
y corregir todos los problemas mundiales para que se cumplan todas las
leyes internacionales. Todos los pueblos de la tierra, hombres y
mujeres, jóvenes y viejos deben unirse a mí, como su
rostro visible, para exigir a todos los gobernantes que cumplan todas
las leyes internacionales en sus respectivos países que son
miembros de las Naciones Unidas comprometidos con la Carta. Que luchen
para que todas las naciones alcancen su nivel superior, como los
primeros que han alcanzados. Que luchen hasta el final para que la
tierra sea liberada por completo de todos los males mundiales. Hacer
que se cumpla todo lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas,
esta es mi primera prioridad. La prosperidad de la humanidad
dependerá de mí, con la colaboración de todos los
seres humanos será lograda.
El Hombre es libre para liberar al Otro
A aquellos países que han ganado, se sienten ricos, satisfechos
porque guardan los mandamientos, están en el mundo de arriba
porque son libres, son los que no tienen nada más que hacer, ya
se consideran perfectos, porque no necesitan nada más.
Así como está escrito: "En esto se le acercó uno y
le dijo: 'Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para
conseguir vida eterna? El le dijo: '¿Por qué me preguntas
acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la
vida, guarda los mandamientos.' '¿Cuáles?' - le dice
él. Y Jesús dijo: 'No matarás, no cometerás
adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio,
honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como
a ti mismo.' Dícele el joven: 'Todo eso lo he guardado;
¿qué más me falta?'" (Mat. 19:16-20).
Sin embargo, guardar los mandamientos universales de las Naciones
Unidas no son suficientes, los que están en el mundo superior ya son libres no para quedarse con los
brazos cruzados, sino que están para liberar al Otro. "Si
quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los
pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y
sígueme" (Mat 19:21). Ellos, aunque digan que son justos,
perfectos, por tener cumplidos los mandatos universales, tendrán
que realizar esta otra tarea para ser plenamente perfectos, no solo
deben ser ricos sino que también deben ser solidarios con los
que necesitan. Aunque tienen de todo, le faltan solo una cosa: es
desarrollar la capacidad de compartir sus riquezas con los necesitados,
como nueva forma de poseer y usar los bienes.
Una larga historia ha terminado, y se comienza esta etapa final de la
historia, cuando todas las áreas de la Sociedad Humana ya lo
tiene de todo y en su apogeo, por ejemplo, en el campo de la
alimentación, no solo ya se produce suficiente alimentos para
alimentar a todos los habitantes de la tierra, sino que también
cuenta con la ciencia y la técnica necesarias en cuanto a la
nutrición y el acceso a los alimentos. Ya tienen lo suficiente
como para empezar a erradicar el hambre y la pobreza mundial. Lo mismo
en todas las áreas del conocimiento humano, están
maduras, preparadas, entrenadas para abrir esta nueva etapa y final de
la historia, realizar la tarea de poder satisfacer plenamente a los que
están sedientos de justicia, de paz.
Yo no estoy para los justos que están arriba, en lo alto, porque
ellos no necesitan nada, sino para los que no han alcanzados
todavía, los que están perdidos, los que aún no
guardan los mandatos de la Naciones Unidas. Estos si me necesitan. Yo
estoy con el mundo que está al margen de la Ley internacional,
con los débiles, con los que sufren, con los que no pueden salir
adelante por sí solo. Así como está escrito "No
necesitan médico los que están sanos, sino los que
están mal. No he venido a llamar a conversión a justos,
sino a pecadores" (Luc. 5:31,32).
El Hombre tiene todas las soluciones, y está preparado para lo
nuevo y definitivo, pero lo único que le falta es la voluntad
política. Este no es el tiempo para hacerse el desentendido y
pasar de largo ante tanta forma de injusticias que hay en el mundo
(Luc. 10:25-37). Llamo a todos a abrir su corazón para aceptar
el desafío que significa construir un mundo mejor mediante la
liberación del Otro.
Las campañas contra el hambre y la pobreza ya está
emprendida, porque las Naciones Unidas elaboró también
documentos para tales propósitos, como la "Declaración
del Milenio", ha habido grandes adelantos, pero lentos por la poca
voluntad de los gobiernos que se han comprometidos, debido a factores
ajenos, como la crisis económica, ocurrida últimamente.
Ya se han levantado millones de personas de muchos países del
mundo contra la pobreza, pero es ahora que se ha abierto el tiempo
final, como el tiempo de la acción, tiempo propicio para
contrarrestar la poca voluntad política de los gobiernos de
países industrializados, porque no habrá nuevos
obstáculos en el camino que entorpezcan a la libre acción
contra el mal mundial.
Se abrió el tiempo nuevo, donde el hombre ya no tendrá
más motivos para provocar nuevos conflictos armados, nacionales
e internacionales. No habrán más guerras, solo quedan
conflictos armados existentes como las últimas de la historia
que se irán reduciendo hasta su eliminación. Por lo
tanto, es tiempo que cumplan los tratados sobre el Desarme mundial,
para destinar dineros necesarios, como también donaciones de
particulares, para disponer de servicios sociales básicos para
todo el planeta. Llegó el tiempo para que las espadas se
conviertan en rejas de arado, y poner fin al entrenamiento militar para
la guerra como dice en Isaías 2:4, texto que está en el
frontis del edificio de la Organización de las Naciones Unidas.
Mi misión como cabeza visible, me corresponde animar, amonestar,
exhortar, reprender a los gobiernos para que cumplan todos los tratados
internacionales (Neh. 5:7; 2 Ti 4:2).
Si la humanidad acepta que yo sea su voz, hará lo que yo digo, acatando mi llamado a movilizarse, en los
conciertos, en los acontecimientos deportivos, en los colegios y las
universidades, en todas partes, que hagan suya mi proclamación
que todos los pueblos de la tierra deben regirse por las leyes
internacionales, administradas por la ONU, y que todos sus gobiernos
cumplan todos sus mandatos.
Ha llegado el tiempo, que empiecen a limpiar la tierra, los
ríos, los mares, las ciudades de toda contaminación, y
que la flora y fauna sean protegidas. Como también ofrecerse
para ir a lugares donde están los necesitados para salir del
hambre y la pobreza. Hay mucho trabajo por hacer y lo necesito a todos.
Todos son llamados para que sean mis ayudantes en la
construcción del reino de justicia y paz, para que esta sociedad
cristiana sea como la piedra que destruya este mundo viejo y crezca
hasta llegar una gran montaña que llene toda la tierra (Daniel
2:35).
Toda la humanidad se una a mí para exigir un cambio de
mentalidad de sus gobernantes que cuando se reúnan en futuras
cumbres mundiales, tomen como su primera prioridad el compromiso de la
Carta fundamental de las Naciones Unidas. Que se preparen a tomar
medidas, estrategias, presupuestos de los programas más eficaces
para poner fin a todos los problemas mundiales que afectan a la
humanidad y así dar por cumplida todas las obligaciones
internacionales, tanto en enderezar las leyes nacionales como en
completar la ayuda al necesitado. Luchar sin descanso hasta que el
mundo sea liberado por completo, una tarea que nada ni nadie
podrá detenerlo.
Los Apóstoles son llamados a abandonar el culto católico
La Sociedad Cristiana, es el Reino de Dios, que tiene a la Ley
Internacional, como el más alto grado de la libertad de la ley
nueva: ley perfecta de libertad. Esta es mi Ley, la Ley civil de Dios
para que todos conozcan como Hombre libre. En ella se basa mi plan, mi
proyecto liberador, que todos sean iguales, los mismos derechos, que
todos sean hermanos. La libertad y la dignidad de los seres humanos
constituyen el centro de mi mensaje. Con esta libertad que haré
libre a todas las naciones de toda opresión e injusticia, de
todas esclavitudes que existen (Gál. 5:1).
Todas las naciones deben saber que este Dios es el Hombre libre, sus
leyes internacionales son ajenas, apartadas de las leyes religiosas y
de tradiciones. Son leyes que fueron redactadas y promulgadas por
hombres libres, que están limpias de ceremonias o la
observación de los ritos, prescripciones, costumbres del culto
religioso. Es la Ley del Hombre libre, y yo imito a Él.
Él es mi modelo, por representación. Yo no vengo de un
seminario, del sacerdocio ritual, sino del pueblo libre. No soy
observante de la ley religiosa, sino de la ley del Pueblo, de la
libertad. Este es mi Dios, que no es el Dios del culto.
El Colegio Episcopal, con el Papa a la cabeza, se someten a reglas
estrictas en el cumplimiento de los gestos rituales: su
preparación para la misa u otras actividades litúrgicas
fuera conforme a las prescripciones en forma eficaz.. Sin embargo, le
digo a Pedro que está a cargo de la institución ritual
que Dios no está en ese lugar, sino en el Hombre libre es donde
se encuentra a Dios. No se trata de que le esté hablando de un
nuevo Dios, sino del mismo Dios del Papado, pero de una forma nueva: la
libertad. Mi Dios es el único que es abierto a todos los seres
humanos.
Hablo del mismo Dios de la Iglesia del Papado, estoy de acuerdo en el
plano doctrinal en todo sentido, pero mi comportamiento como hombre
libre se opone a ello, porque mi Dios tiene una forma de ver en los
asuntos humanos opuesto al de ellos. El Dios de ellos se basa en sus
doctrinas que no va más allá del campo teórico,
sus obligaciones y normas lo ponen al hombre al servicio de la
religión, lo que oprime y esclaviza al ser humano. Aferrados a
sus ritos demuestran su incapacidad de solidarizar con el mundo
marginal, no puede liberarlo, tienden a pasar de largo frente al dolor
y el sufrimiento. En cambio mi Dios es quien si puede liberarlo, porque
la libertad del hombre es la libertad de Dios. Por eso el Dios del
Papado no es mi Dios.
El Papado pone la religión por encima del hombre, yo al
revés, pongo al hombre por encima de la religión, "Si
entendierais qué significa “Prefiero la misericordia al
sacrificio,”... Porque el Hijo del hombre es señor del
sábado" (Mat. 12:7,8; Mar. 2:27,28). .Porque así han
decidido los países y sus gobiernos regirse por leyes
internacionales, y no por las leyes religiosas. Y yo como hombre libre
puedo quebrantar cualquiera de las leyes religiosas las veces que
quiera, porque no tienen efectos sobre mí. Así
está escrito sobre mi comportamiento (Mar 1:41; 3:1-5; 5:41;
Luc. 7:14; 13:10-17; 14:1-6). Son leyes inservibles, son basuras. El
futuro y verdadero ocupante del trono de San Pedro será el
pueblo de Dios, y yo soy hombre libre, por eso como soy del pueblo me
opongo la desigualdad entre los
hombres sacerdotes y las mujeres monjas. Apoyo a las monjas que se han
integrado a los movimientos internacionales de protestas por los
atropellos a sus derechos humanos, y que tengan los mismos derechos que
los hombres, ser sacerdotisas y obispas.
Si los Apóstoles desean seguirme, le permito que ellos
quebranten sus propias leyes religiosas como casarse, el no hacer
misas, el no ejercer todos los sacramentos y sacramentales, permitir a
las monjas obtener sus derechos, y lo defenderé si lo hicieran,
porque se cumplirán lo que está escrito (Mar. 2:15,
18,23; 7:11-23). Antes que los Apóstoles deseen seguirme a
mí, deben enderezar todas las normas eclesiásticas, como establece la igualdad
y los derechos humanos por las Naciones Unidas.
Quebrantar las leyes significará en lugar de producir impureza
(Lev. 13:15; 2 Rey. 7:3; Núm. 19:11-14; 2 Rey. 23:11s), será
salud, vida y liberación para todos los que profesen el
sacerdocio, y lleguen a ser libres como yo lo soy.
Esta es mi misión, hacer cumplir lo que está escrito,
elegir a los Doce Apóstoles, que conforma el Cuerpo Episcopal
como hombres libres para gobernar conmigo a las naciones en la otra
Vida (Mat 4:18-22). A los Apóstoles le quiero anunciar que ha
comenzado el acontecimiento hacia la muerte de Cristo, hacia la salida
del mundo viejo, para emprender este camino tendrán que
prepararse para poner fin a los ritos litúrgicos y
sacramentales, signos externos que se han practicado por siglos, en
forma repetitivas de gestos y actitudes, peregrinaciones y procesiones,
ritos cuaresmales, de la semana santa, etc.
Tanto el Papa como todos los Obispos deben romper todos los lazos
rituales que se oponen a mi voluntad, antes de entrar en el mundo de
justicia, donde podrán seguirme para prepararle a ser mis
futuros pastores sobre ese mundo justo (Mar. 1:17). Donde está
Dios que se moverá en un ámbito de libertad, no se
necesitará adoración, alabanza, servicio, rito (Isa.
1:11-15; Amó. 5:21,22). A Él encontrarán, no en
estas cosas, sino en el servicio al necesitado.
Toda la Sociedad Cristiana que forme mi Cuerpo social tienen que ser de
mi misma naturaleza, todos tienen que ser semejante a mí, sin
excepción, por eso los Apóstoles, a quienes elijo no
pueden estar en una naturaleza distinta a la mía. El oficio
religioso de ellos, aunque es su trabajo, su modo de vida, que
consideren como un bien material y apreciado, pero esta cosa buena se
opone a mi gloria, como hombre libre. Por eso yo le digo a los
Apóstoles con el Papa a la cabeza, que deben renunciar
todas las prácticas rituales antes de seguirme en mi camino
hacia la edificación del mundo justo. Si quieren ir a la Vida
Eterna, deben despojar, desprenderse por completo de estas cosas
terrenales. Deben venir a mi solo con lo puesto, porque le voy a
preparar para reinar conmigo en el último día.
No debe haber templo alguno en el mundo justo
Yo invito a todos a entrar en mi camino, incluyendo a aquellos que
sirven, adoran a los dioses de las demás religiones,
monoteístas y politeístas, cristianas y no cristianas,
milenarias y recientes. Si desean seguirme, antes deben abandonar a sus
dioses que atropellan los derechos de las personas, que en vez de
servir al pueblo, se enseñorean sobre el. Todas las religiones
hablan del mismo Dios según las culturas, pero a ese Dios lo veo
como dioses ajenos, extraños, porque son severos,
intransigentes, intolerantes, discriminadores, que esclavizan y no
liberan a los seres humanos. Son dioses que se encuentran sometidos en
sus templos, en sus leyes, en sus ritos, en sus fiestas. Y a sus
dirigentes religiosos, observantes, piadosos, son todos como escribas y
fariseos porque desoyen las exigencias de la justicia. Todos hablan del
mismo Dios pero no lo conocen como yo lo conozco bien.
Las leyes religiosas han servido a los seres humanos que son pecadores
que no pueden cumplir, esas leyes son detestables, que hace falta un
liberador. En cambio, mi ley de la libertad es verdadera porque todos
los seres humanos podrán cumplir y no pecar nunca más
(Gál. 3:13; Rom.7:13-25).
Le hago un llamado a todos los pueblos de la tierra, que ya no es
tiempo para seguir sirviendo a dioses de las religiones, ni postrarse
ante ellos, ni le rindan culto, ni les ofrezcan sacrificios. Su tiempo
se acabó, “Retirad los dioses extraños que hay
entre vosotros. Purificaos, y mudaos de vestido” (Gén.
35:2), porque se ha abierto el tiempo para que todos pongan su
corazón solo a mi Dios y servirle a Él, porque solo El es
quien los librará de todos los pecados globales o problemas
mundiales existentes (Jos. 24:23; 1 Sam. 7:3).
Los dioses de las religiones no son nada, son ídolos. Y soy yo
el único, que haré los cielos, es decir, el mundo justo para todos (1 Cro. 16:26; Sal. 96:5;
Jer. 18:11). Si esos dioses no son capaces de crear este nuevo cielo y
una nueva tierra deben desaparecer, porque no pueden librar a las
naciones de los problemas mundiales (Isa. 36:18; Jer. 2:28).
Solo los Apóstoles quienes deben dejar todo atrás para
estar conmigo en mi reino como nuevos y únicos pastores, solo ellos serán mis futuros sacerdotes, pero no
haré pacto alguno ni con los líderes de las religiones
mundiales ni con sus dioses, porque no dejaré rastro alguno de
ellos de la faz del planeta (2 Cró. 33:15).
Para mí las religiones no me hacen falta para liberar a la
humanidad. Si sus dirigentes quieren que la injusticia ya no tenga
memoria ni venga al pensamiento en un futuro próximo, entonces
tendrán que colaborar con el Papa para que éste
continúe con su trabajo a través del diálogo
ecuménico con los demás cristianos, y el diálogo
interreligioso con los no cristianos, con el fin de llegar a un acuerdo
para poner fin a todas prácticas religiosas y también
sociales de la faz de la tierra, y que todos lleguen a ser uno,
aceptando a los Apóstoles renovados como sus únicas futuras
autoridades eclesiásticas y a mí como su nuevo cabeza y a
mi futura Iglesia, un único Viviente, como el verdadero ocupante
del trono que estableceré al fin de los tiempos en la Ciudad del
Vaticano.
El tiempo hacia el triunfo mundial de la Sociedad Cristiana
Ha terminado una larga historia, y se irrumpe el Reino de Dios, que es
la Sociedad Cristiana, completa, fuerte y triunfante, mientras que los
males existentes son como barros, débiles, como los pies de la
estatua del sueño de Nabucodonosor (Dan. 2:33). Por eso, todas
las leyes internacionales ya cantan victoria, porque tienen los
primeros países, ciudades, empresas, etc., que han cumplidos sus
exigencias, y seguirán creciendo, triunfos tras triunfos
con los restantes del mundo, hasta el último de ellos para
alcanzar la completación global. Mientras que la opresión
a su vez, está en decadencia, y seguirá disminuyendo
hasta su erradicación definitiva. Como ejemplo, el sistema
democrático es triunfante, ya hay muchos países que viven
en democracia, y seguirá creciendo hasta abarcar a todos los
demás países, mientras que las dictaduras debilitadas se
irán disminuyendo una tras otra, hasta la última, para
hacer desaparecer de la faz de la tierra. Ya hay muchas enfermedades
curables, y la medicina seguirá encontrando curas definitivas
para las enfermedades restantes hasta completar como un mundo sin
enfermedades incurables. O todas las ciencias y tecnologías se
perfeccionarán al máximo al resolver sus problemas
pendientes (2 Cró. 29:16).
Esto ocurrirá en todas partes de la Sociedad Cristiana por
igual, como el Reino de Dios de justicia y paz se irá creciendo
hasta alcanzar el triunfo mundial, y el mundo del mal se irá
reduciendo sus problemas simultáneamente hasta llegar a cero.
Este es el tiempo que este hombre total se prepara para purificarse de
una vez (Lev. 14:9; Neh. 12:30).
Este es el tiempo de las últimas cosas, porque ya están
las soluciones definitivas, o de última generación, y no
habrán otras nuevas, lo mismo los males que hay actualmente son
las últimas, es todo lo que hay, y no habrán otras nuevas
y desconocidas. Los bienes de la sociedad son definitivas pero inicial,
por ejemplo, todavía hay enfermedades incurables, pero ya se han
hallado curas incipientes, en estudio, en laboratorio, o primeros
avances, y seguirán avanzando hasta que encuentren curas en
plenitud para todas las enfermedades que existen.
El Reino de Dios ya está, o sea cada parte o departamentos
especializados de la Sociedad tiene su triunfo o perfección
incipiente, como los primeros pueblos que disfrutan de la libertad, por
ejemplo, pero será plena cuando se vaya erradicando
progresivamente los poderes del mal hasta el último que hay en
la tierra (2 Tes. 2:7). El Reino de Dios ya está pero
todavía no, o sea, seguirá siendo el mismo Reino pero
será mejorado al máximo. Por ejemplo, el auto está
completo tiene todas las piezas, seguirá siendo el mismo auto,
de última generación, es decir, que no se
inventarán nuevas piezas, sino que se perfeccionarán las
ya existentes. Todas las cosas harán sus últimos ajustes
para alcanzar la máxima perfección. De la eficacia
incipiente a la eficacia plena del Último Hombre.
Todas las partes de la Sociedad definitiva, crecerán al mismo
tiempo a su triunfo final, y mientras que todos los males
reducirán al mismo tiempo a su derrota final. Como la estatua de
Nabucodonosor, en su parte final, con los pies, en parte de hierro, y
en parte de barro. No habrá, por ejemplo, que unos males
reduzcan y otros avancen, o se hagan más fuertes, sino que todos
están debilitados e irán al mismo tiempo a su
desaparición, por la fuerza de la Sociedad cristiana semejante a
hierro.
La historia antigua está cumplida, y se abre este tiempo final,
que como Hombre viejo se irá muriendo de a poco hasta su total
desaparición. Lo nuevo que es la libertad irá creciendo
hasta alcanzar el triunfo mundial, mientras que la injusticia se
irá disminuyendo hasta su desaparición total. Así
será esta marcha hacia la conquista de un mundo justo para todos.
Esta es mi petición, que todos deben despojarse por completo del
hombre viejo para revestirse en el nuevo antes de venir a mí,
como Pablo escribió "Se les pidió despojarse del hombre
viejo al que sus pasiones van destruyendo, pues así fue su
conducta anterior, y renovarse por el espíritu desde dentro.
Revístanse, pues, del hombre nuevo, el hombre según Dios
que él crea en la verdadera justicia y santidad" (Efe. 4:22-24).
“Revístanse del Señor Jesucristo" (Rom 13:14).
Esto significa que la erradicación del mal mundial está
al final de la etapa actual. Se producirá todos los fines de las
corrupciones globales al mismo tiempo, como el fin del culto, el fin de
las dictaduras, el fin de las enfermedades incurables, el fin de la
impunidad, el fin del hambre, el fin de la pobreza, y así seguir
enumerando todos los demás fines. Como está escrito
“el fin de todas las cosas está cerca” (1Ped. 4:7).
Este es el tiempo nuevo que se abre coincidiendo con mi mensaje para
anunciar a las naciones, que quedan solamente los actuales problemas
mundiales que superar para alcanzar la formación de un solo
bloque de naciones libres, soberanas, independientes y
democráticas. Atrás quedó la larga historia
humana, y ahora se abre un nuevo principio y fin de otro tipo de
historia, como el tiempo del Segundo Adán, el hombre definitivo
que crecerá desde los primeros perfectos hasta los
últimos.
En la historia anterior, el ser humano podía erradicar unos
males, era incapaz de resolver en otros, aparecían otros nuevos
y había que buscar nuevas soluciones. Pero en este tiempo final
es distinto, porque ya están todas las soluciones definitivas
incipientes, que serán mejoradas al erradicar todos los
problemas mundiales que existen y al mismo tiempo. Ahora si se puede
decir que el mundo justo para todos está a la vista, al alcance
de la mano. Ya se comienza a avizorar la luz al final del túnel.
Ya se puede decir que la meta, como la victoria final del Occidente
Cristiano, que se encuentra preparado para derrotar todos los problemas
mundiales. Es inminente, porque los males actuales son los
últimos de la historia que superar para llegar a la libertad, a
la justicia. El fin del mundo opresor está a la puerta.
Es el camino hacia mi Muerte
Mi misión es llevar a las Naciones Unidas a su triunfo mundial,
al poner fin a todos los problemas mundiales, es el signo de mi
Pasión. Esta lucha de la humanidad contra los pecados globales,
de la desigualdad, la injusticia, los atropellos a los derechos humanos
hasta lograr su erradicación significará el camino hacia
mi Muerte.
Sí, tú me pides libertad y derechos humanos para todos,
que todos los seres humanos son iguales, etc, como establecen los
mandatos universales de las Naciones Unidas, yo acepto asumir esta
tarea, con la condición de que una vez te haga cumplir tus
deseos, de que todas las cosas sean de mi propiedad por su
incorporación a mí como mis miembros, obteniendo el
derecho absoluto de ser la Cabeza visible de todos ellos. Que todas las
naciones lleguen a ser mi pueblo y yo llegue a ser su Rey.
La Sociedad es única, pero los departamentos especializados son
como pedazos desparramados y sucios, si tú quieres, haré
juntar todas estas cosas dispersas, incorporándose a mí
en un solo hombre perfecto, como mi Cuerpo. Será con tu
consentimiento que yo restaure todas las cosas en mí (Efe.
1:10). Si las naciones son llamadas miembros de las Naciones Unidas,
entonces serán mis miembros por ser la Cabeza. Incorporarse a
mí, es pensar y sentir junto a mí, tener los mismos
fines, como está escrito. “Que todos sean uno, como
tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que
tú me has enviado” (Juan 17:21). Son todos llamados a
formar un solo Cuerpo social en mí, por eso es necesario que
sean incorporados a mí si quieren ser liberados. Solo yo, y
nadie más, que podré unir a mis miembros, porque "sin
mí no pueden hacer nada" (Juan 15:5).
Tu no eres superior a mí, ni yo inferior a ti, sino que los dos
estamos en una misma causa. Obedecerte porque tu orden es paterna.
Tú manda, yo obedezco. Yo como la cabeza visible conozco por
adelantado todo lo que sucederá, mientras que las partes de la
sociedad humana, como mis miembros, irá descubriendo poco a poco
mis decisiones, obedeciendo y preparándose para morir
"vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora
vendré sobre ti" (Apo. 3:3).
Es necesario que todos deseen verdaderamente cumplir su misión
de permanecer unidos a mí hasta la Muerte y aceptar en perecer
el uno por el otro. Todos deben decir que quieren estar unidos a mi en
el acto supremo de la Muerte del Cuerpo Humano. Si cada parte
especializada de la sociedad cristiana esté dispuesto liberarse
de sus problemas pendientes, significa aceptar su propia muerte. Todos
ellos desearán su propia muerte, como Pablo dice "deseo morir
para estar con Cristo" (Fil. 1:23). Querrán decidirse firmemente
de vivir conmigo, anhelando morir en mi compañía.
Asumiré como mía la Muerte del hombre entero. Mi
muerte será completa con todos aquellos que deseen morir
conmigo.
El deseo de la sociedad humana de acabar todos los problemas mundiales,
será indudablemente que no habrá instante de
vacilación en cada uno los departamentos especializados; se
abalanzarán alegre conmigo hasta la muerte en cruz. Porque
así se cumplirá lo que está escrito
“obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. 2:8).
Haciendo ejecutar este proyecto, que como dice: “Es preciso que
el hijo del hombre padezca mucho… y sea muerto” (Luc.
9:22). Este hijo del hombre, son los miembros de mi Cuerpo y yo, su
cabeza, un único Hombre entero.
La unión mundial en lo político, económico,
monetaria y social, a la semejanza del occidente cristiano, será
la unión perfecta de las Naciones Unidas como miembros unidos a
mí para expirar en la cruz "para mí la vida es Cristo, y
la muerte, una ganancia" (Fil. 1:21). Debo morir para poder
congregar en un Cuerpo a todos los departamentos especializados que
están dispersos (Juan 11:50-52).
Si yo muero, todos las partes de la Sociedad mueren de una vez conmigo.
Se unirán a mí para morir, como en un ser humano,
sí la cabeza muere, muere sus manos, sus pies, todos los
miembros de su cuerpo. Lo mismo, en mi muerte todos serán
sepultados conmigo (Rom. 6:4).
Esta Muerte, no llegará hasta el último miembro elegido
haya salido definitivamente de la zona del pecado. Ya que para
construir el Reino de Dios y su justicia, será prepararse para una buena
muerte, a morir bien. Será la subida de
Jesús a Jerusalén (Catecismo de la
Iglesia Católica, nros. 557-560), que equivale la entrada al mundo
justo, como Hombre único. El fin de toda opresión e
injusticia
será de una vez en todas partes de la Sociedad, como está
escrito. "está establecido que los hombres mueran una sola
vez…de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez
para quitar los pecados de una multitud " (Heb. 9:27,28). Yo muerto, lo
veré a todos morir unidos a mí. Mi muerte será
completa con todos ellos.
Estará cumplida
Yo no descansaré hasta que todos los mandatos universales sean
cumplidos por todos los países de la tierra. Ahí
diré que el sufrimiento habrá terminado, cuando todos los
miembros del Cuerpo social hayan sido liberados de todos los pecados
globales, y que quieran todo lo que yo quiero. A esta altura la Ley
Internacional estará plenamente cumplida, que a su vez todas las
partes de la sociedad se hayan incorporados a mí.
Mi obediencia estará completa, por haber cumplido todo
cuanto me hayas ordenado, y podré morir «Todo está
cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el
espíritu" (Juan 19:30), y para ofrecerte a ti la muerte de cada
uno de los miembros. Estará terminada mi misión, una vez
cumplida la tarea de llevar al mundo a la justicia. Así
será mi Muerte, todas las partes de la Sociedad cristiana y yo,
el Hombre entero. La Pasión de Cristo-Total habrá
terminado.
|