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En ese día, el Papado llegará a su fin cuando lo consagre
a la Humanidad entera ya Resucitada, y la hará sentar en el
trono de San Pedro por medio de mí como su representante
visible. Y lo haré instituir oficialmente mi nueva Iglesia sobre
el fundamento de los Apóstoles para siempre. Con la
edificación de mi Iglesia se cumplirán todas las
Escrituras. Será el fin de la conquista de la tierra y pueblos y
el comienzo de la conquista de las Galaxias para el crecimiento eterno
de ese Hombre del futuro.
El Hombre Resucitado será consagrado por el Papa como el nuevo Pastor Universal.
En aquél día, el Papa aún seguirá siendo el
Jefe de estado de la Ciudad del Vaticano pero hará sus
últimas actividades, invitando al Episcopado renovado y a todos
los gobernantes de las Naciones Unidas para estar presente en la
inauguración de la Nueva Monarquía: el cambio de mando (1
Sam. 11:14,15).
De acuerdo a la Constitución universal aprobada, tanto por las
autoridades eclesiásticas y civiles universales, en la Alianza,
le corresponderá al Papa ungirme como cabeza legal visible de la
Nueva Nación organizada, con los mismos títulos como
Padre de reyes, Gobernador del mundo, Vicario de Cristo, sacará
su anillo de pescador y colocará en mi dedo, me pondrá la
cruz pectoral sobre mi cuello, y su investidura fina en mi,
símbolos propios de su autoridad, y me hará sentar en su
trono que está en la Ciudad del Vaticano, ante la presencia de
toda la humanidad. Seré constituido oficialmente Cabeza de toda
la Iglesia, la cual será mi Cuerpo (Efe. 1:22,23). Para que en
todo tenga en mí la primacía (Col.1:18). Se
cumplirá
lo que está escrito como figuras de este acontecimiento en
Gén. 41:40-44; Dan 2:48; 5:29. Será el Sumo
Pontífice quien me dirá a mí como Rey "El
Señor te consagra hoy gobernante de Israel, su pueblo" (1 Sam.
10:1). ¿Quien es el Señor? Es la Humanidad entera, santa
y justa, tanto los Apóstoles como las Naciones Unidas, con el
consentimiento y aprobación de ambos me consagrarán como
su cabeza por medio del Papa.
Seré coronado como Rey, Sacerdote y Profeta, en
representación de toda la Humanidad. En este acto
encarnará mi misión y mi autoridad universal. De esta
manera, seré escogido para gobernar sobre ellos conforme a los
mandatos de aquél Concilio (Deu. 17:14-20). En ese entonces, seré
consagrado como el verdadero San Pedro, que obtendré los
títulos propios de Jefe de la Humanidad, Pastor Universal, el
Sumo Pontífice, Padre de los reyes, Gobernador de la tierra.
Así como Pablo ha escrito “Para realizarlo en la plenitud
de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que
está en los cielos y lo que está en la tierra”
(Efe. 1:10). En mí sea el todo en todos, porque todo fue creado
por medio de mí y para mí" (Col. 1:16,18; 3:11).
Una vez terminada esta Ceremonia de mi entronización,
Unción-Elección, el Obispo de Roma, ya no será
más Pedro, abandonará todas sus funciones y será
cambiado de residencia, se irá a su respectiva Diócesis,
para retomar su función de Obispo de Roma. El se sentará
como todos los demás obispos sentados allí presente en
ese día. El abandono de la Santa Sede del Obispo de Roma se
pondrá así el fin del Papado y su Iglesia Católica
antigua y el fin del mundo. Será su apoteósis.
La institución de la Nueva Monarquía Universal
Sentado en mi trono glorioso de San Pedro, con los mismos
títulos, las mismas funciones de Sumo Pontífice, del
desaparecido Papado, para fundar mi nueva Iglesia sobre el fundamento
de los Apóstoles, según como se describa el estatuto
religioso y político, que representará la carta magna de
este nuevo Templo de Jerusalén que será inaugurada.
Estableceré mi nueva Monarquía en la Santa Sede, con los
Apóstoles como mi Sistema Nervioso Central, y a los jefes de
Estados y de Gobiernos de las Naciones Unidas, como mi Sistema Nervioso
Autónomo, y a todos los demás miembros diversos de mi
Cuerpo biológico, “pues ahora he escogido y santificado
esta Casa, para que en ella permanezca mi Nombre para siempre.
Allí estarán mis ojos y mi corazón todos los
días” (2 Cro. 7:16).
Constituiré con ellos la nueva Nación Santa, o la Nueva
Iglesia Católica, y pondré a la Ciudad del Vaticano como
la Capital de todos los Estados nacionales, estos serán
convertidos en provincias. Pondré a la Santa Sede como el nuevo
centro religioso de las Naciones Unidas. Los mandatos de aquél Concilio
será la regla universal de la vida humana. Quedando sellada esta
obra maestra de la humanidad con la unión de los miembros
conmigo y entre sí. De esta forma el Cuerpo de Cristo
habrá llegado "al estado de hombre perfecto, a la madurez de la
plenitud de Cristo" (Efe. 4:13).
Se comenzará formalmente mi reinado sobre la nueva Iglesia
Católica. De esta forma, quedará afirmada mi soberana
autoridad sobre los seres humanos y las instituciones que
estarán sujetas a mi dominio, mi posesión. Quedará
afianzada la unidad de las Naciones y estos a sus pastores.
Gobernaré como las naciones, no por mi voluntad, ni por mis
ideas, sino hacer la voluntad del Señor por medio de mandatos
establecidos en aquél Concilio. Seré el líder
religioso y político, el rey ejecutor de la voluntad de Dios en
medio de mi Pueblo. Con edificación oficial del edificio
espiritual (1 Ped. 2:4,5; 2 Cor. 6:16) se dejará cumplida el
nuevo Pacto. Se producirá así como la segunda venida de
manera gloriosa en mí. como jefe y mi pueblo mesiánico
(Hec. 1:11). Ellos y yo, un solo Señor. Eso es Nacer de nuevo
como humanidad reconstituida en mí. “pues yo soy
Yavé, el Dios de ustedes, que los saqué de la tierra de
Egipto para darles la tierra de Canaán y ser su Dios” (Lev.
25:38).
Con mi entronización significará el fin del mundo, todo
estará terminado "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque
el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido; y el
mar no existía ya." Y vi la ciudad santa, la nueva
Jerusalén, que descendía del cielo, del lado de Dios,
ataviada como una esposa que se engalana para su esposo. Oí una
voz grande, que del trono decía: He aquí el
tabernáculo de Dios entre los hombres, y erigirá su
tabernáculo entre ellos, y ellos serán su pueblo y el
mismo Dios será con ellos, y enjugará las lágrimas
de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá
duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado (Apo.
21:1-4).
Sellaré también la separación de justos e injustos
para siempre. "Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y
de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso.
“La gente de todas las naciones se reunirá delante de
él, y él separará unos de otros, como el pastor
separa las ovejas de las cabras” (Mat. 25:31-32). Todos los
problemas mundiales estarán perfectamente controladas, y no
habrán más otros nuevos, como está escrito “
“Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, pues lo protege lo
que en él ha nacido de Dios, y el Maligno no puede
tocarlo” (1Juan 5:18).
Ellos y yo, un solo Hombre Coronado.
Todos los títulos y funciones que recibiré del Papa, no
serán solo para mí, sino que serán también
para mis miembros. Si alguien se llama Juan, su mano es de Juan, su pie
es de él. Lo mismo, al ser consagrado como Pastor Universal, a
su vez, haré fluir ese título a todos los miembros de mi
Cuerpo, a mis Ojos, a mis Manos, a mis Pies… porque son de
posesión de la Cabeza (Apo. 1:6; 5:10). Seré Coronado
como Rey, Sacerdote y Profeta y a mis miembros serán a quienes
coronaré como reyes, sacerdotes y profetas (Apo. 17:14; 19:16).
Primero a los miembros superiores que son los Apóstoles,
después a los miembros inferiores que son de las Naciones
Unidas, según el orden hasta los más bajo "Como un
ungüento fino en la cabeza, que baja por la barba de Aarón,
hasta la orla de sus vestiduras" (Sal. 133:2). Como afirma San
Agustín: “No ha sido únicamente nuestra Cabeza la
que fue ungida, sino también nosotros su Cuerpo” (Salm
26). Este gran organismo, como Cuerpo unido, armónico y
coherente, será como “la ciudad no necesita ni de sol ni
de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su
lámpara es el Cordero” (Apo. 21:23). Que como Cabeza
iluminará a sus miembros, los cuales serán la
lámpara.
Y lo haré sentar en sus respectivos tronos de autoridad,
llegando a ser uno en mí, porque ellos tendrán mis mismos
privilegios. Así como está escrito "Entonces el Rey
dirá a los que están a su derecha: "Vengan, benditos de
mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para
ustedes desde el principio del mundo" (Mat. 25:34). Imposible sentarme
sin mi Cuerpo, por eso, no solo como la Cabeza me sentaré en el
trono que está en la Santa Sede, sino que lo haré sentar
conmigo todo mi Cuerpo hasta mis Pies, como Hombre completo. Como dice
Pablo “con él nos resucitó y nos hizo sentar en los
cielos en Cristo Jesús” (Efe. 2:6). Yo y todo mi Cuerpo no
habrá más que un solo Sumo Pontífice
“un gran Pontífice que penetró en los cielos,
Jesús, el Hijo de Dios" (Heb. 4:14). Un solo Cristo juzgando al
mundo "cuando el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su
gloría, os sentaréis también vosotros sobre doce
tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mat. 19:28). Ellos y
yo: un sólo Monarca, un único Ungido por derecho de
conquista.
Seré un único San Pedro, como un edificio del
cuál, todos ellos serán piedras vivas, unidas a mí
como piedra angular, como recuerda Pedro "Acercándoos a
él, piedra viva... también vosotros, cual piedras vivas,
entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un
sacerdocio santo...vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real" (1
Ped. 2:4,5).
Con esta creación del nuevo Pueblo de Dios estará
consumada, totalmente consagrada para mí. Todas las cosas
serán creadas por medio de mí y para mí. Ellos
serán mi Pueblo y yo seré su Rey coronado. Tendré
la primacía (Col. 1:18). La unión suprema será
sellada, quedando definitivamente consumada como Hombre Celestial. El
Reino de Dios completamente consolidado. La Alianza estará
completamente cumplida al tener a Israel reunificada como una
Nación definitiva. Se habrá realizado la
restauración completa con mi entronización. Se
habrá comenzado el Cielo.
Se comenzará la Era del País Eterno.
La Nación supranacional que estableceré en el día
de mi entronización durará para siempre. Será
siempre el mismo reino celestial, no existirá distancia ni
extensión. El siempre Hoy.
A partir de entonces, en mí persona empezará la
dinastía eterna del Señor. Seré el Soberano de la
Ciudad del Vaticano, la cabeza visible y tendré la plena
jurisdicción sobre toda la humanidad, como mi Iglesia, sin
mancha y perfecta. Desde el trono de San Pedro conservaré la
unidad y la estabilidad de mi reino en libertad. Mi Casa y mi trono
serán estables para siempre, con mis sucesores quienes
seguirán mi sello de gobierno, tal como lo indiquen los
documentos del futuro Concilio en confirmación del Vaticano II,
sobre la sucesión perpetua en el trono.
Seré ungido en forma oficial por el Señor. Elegido
divinamente, es decir, por toda la Humanidad Santa, para
desempeñar en su nombre la función encomendada, como
representante de Dios para dirigir al Pueblo con mis Apóstoles.
En la Santa Sede, donde estará ubicado el gobierno central, que
bajo mi dirección estará consolidada la Vida Eterna en
justicia y fraternidad, supervisaré para que se mantenga todo lo
conquistado, lo logrado, como la unidad política,
económica, social, lo mismo la unidad de los Apóstoles y
las Naciones Unidas jamás se rompan por los siglos de los
siglos. "Poniendo empeño en conservar la unidad del
Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un
solo Espíritu" (Efe. 4:3,4).
Bajo la influencia de la Cabeza, todos los miembros
desarrollarán su misma actividad para siempre, así como
dice Pablo "Crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de
quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio
de toda clase de junturas que llevan la nutrición según
la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el
crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor" (Efe.
4:15,16). Mi cuerpo será paz y de luz, porque habrá
perfecta armonía, entre los miembros y yo, y los miembros entre
sí. Mi Cuerpo será mi patria, mi familia, eminentemente
social.
Los miembros estarán sólidamente unidos en mí, su
Jefe, no hará sino uno solo en mí, de la misma manera que
mi muñeca está fuertemente unida entre mi mano y mi
brazo, como una sola cosa conmigo, porque pasan un nervio que hace
mover a mi mano y mis dedos que mi cerebro le ordena, y una
arteria que circulara la sangre. Lo mismo será cuando yo ordene
al nervio y la arteria espirituales que transmita al miembro. Son las
ligaduras del miembro al Cabeza, como dice Pablo, "en lugar de
mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de
junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para
realizar su crecimiento en Dios" Col. 2:19.
Aunque las Naciones Unidas ya estén cumpliendo los mandatos
universales desde el fin de la opresión y la injusticia, o sea
desde mi Muerte, que bajo mi supervisión como Rey nadie de la
humanidad estará faltando techo, abrigo, alimento, pero sin los
Obispos preparados para gobernar sobre ellos, algo así como
ovejas sin pastor (Mar. 6:34). Por eso, será hasta mi
Entronización, lo tendré a ellos como mis autoridades
superiores que regresarán a sus respectivas diócesis para
encargarse de que todos los mandatos se cumplan, que las autoridades
civiles de sus respectivas jurisdicciones continuaran dando
adecuadamente a todos los ciudadanos que necesitan. Estarán para
mantener a todos los ciudadanos bien alimentados, evitando que nadie
pase hambre ni un día, y que todos puedan participar en el
progreso económico y social de mi futuro País, bajo la
Ley del Amor.
También mantener a todos los problemas mundiales bajo control,
por todas las generaciones, siempre en vida y en abundancia.
Después de mí, serán mis sucesores que
seguirán representando al Monarca, el Hombre entero. Eso es
eterno, mantener bajo control todos los problemas mundiales. Nada se
escapará. La Humanidad siempre recordará esta experiencia
salvífica de la historia “De generación en
generación se celebran tus obras, se cuentan tus proezas”
(Sal. 145:4).
A la Conquista del Universo
Es cierto que a mi Muerte se habrá perfeccionado definitivamente
el buen conocimiento del Cosmos, para entonces los hombres
tendrán todas las condiciones necesarias, para establecerse
fuera de la atmósfera terrestre, contando con satélites
artificiales, y naves espaciales tripuladas y reutilizables, y no
tripuladas, máquinas perfectamente ajustadas a las leyes de la
astronomía. Seguridad en los vuelos, atracar o acoplar naves,
reabastecimiento, paseo o caminata espacial, reparaciones de
satélites y naves, establecer estaciones espaciales. Elaborar
mapas, analizar y medir el tiempo, extraer muestras de la superficie de
los cuerpos celestes. Poner pie y establecerse en forma permanente en
los objetos celestes lejanos. Todos llegarán a ser perfectos al
ser liberados de sus problemas pendientes.
Pero habrá que esperar hasta el día de mi
Entronización, entonces como Rey coronado podré tener las
atribuciones reales para anunciar el término de la conquista de
tierras y pueblos, y dar inicio a la era de la conquista de las
estrellas. Serán las estrellas en los cielos mi nueva conquista.
Hay un Universo que conquistar, con las áreas de la
astronomía y la astronáutica, listas y preparadas para
dominar y poblar cientos de miles de millones de galaxias, en cada una
de ellas hay unos cien mil millones de estrellas. ¿Será
posible eso?. Sí, porque el Hombre Nuevo vivirá para
siempre, todo lo que haya en los cielos es para dejar a su
disposición. Si el hombre viejo ha sido destinado para vencer y
dominar la tierra, lo mismo el nuevo lo hará en el cosmos.
Porque para entonces todos mis miembros ya transformados, serán
oficialmente mis Manos, mis Brazos, y el resto de mi Cuerpo, a hacer mi
voluntad. Por ejemplo, como Rey quiero colonizar el planeta Marte; no
iré personalmente allá con una nave, sino serán
los astronautas, ejecutores de mi pensamiento director.
Así como un ser humano, cuando quiere ir a alguna parte o hacer
algo, sus brazos, sus piernas, todo su cuerpo, le sigue, se movilizan
obedeciendo la orden del jefe. Lo mismo será Mi Cuerpo que no
podrá separarse de mi como Cabeza, serán mis
colaboradores perpetuos. Mis Ojos lo usaré con distintos
instrumentos, como microscopios para ver los seres minúsculos,
con los telescopios para ver el cosmos, las estrellas. Mis brazos
los usaré con la pala mecánica, perforadores de
petróleo, o el brazo de una nave espacial que recogeré para
rastrear los suelos de otros planetas, con los seres humanos que
trabajarán en ellos.
Mi Cuerpo tendrá que crecer hacia el exterior de la tierra. Si
un miembro, del área de la astronomía, logre pisar por
primera vez un planeta, todos los demás miembros, todos los
conocimientos humanos, participarán de cierta manera por
él y en él del Cuerpo de Cristo para su desarrollo. Lo
que beneficie a un miembro no puede ser indiferente para los
demás. Lo que eleve a uno, eleva consigo a todas las
muchedumbres de elegidos. Sentado en mi trono empezaré a llamar
a todas las naciones para participar esa tarea futura, colonizar y
dominar el cosmos para el crecimiento eterno de mi reino.
No se hallará nada desconocido, siempre será el mismo
Cuerpo humano. Como no se hallará nada nuevo en el Universo,
sino que se hallará siempre las mismas cosas ya conocidas
actualmente. La materia, energía, tiempo y espacio, es todo lo
que hay, no habrá nada nuevo que descubrir en el firmamento,
solo habrá que adaptar sus inventos para superar distintos
obstáculos, dificultades cósmicas y poder colonizarlo. En
esta nueva conquista, la ciencia, la tecnología y todos los
demás conocimientos siempre serán los mismos, que no
tendrá ni pasado ni futuro, serán siempre hoy, pero si
serán mejorados, ampliados para superar las dificultades en sus
conquistas interplanetarias e intergalácticas. El universo es
tan infinito que la conquista en sí parece no tener fin.
En este momento, al publicar mi mensaje, coincide con la
cesación de los descubrimientos de cosas desconocidas por el Hombre, y no ha
sido hallada otras humanidades, con esto queda comprobado
definitivamente que no existen tales cosas en el universo. Lo que
explica que el vasto universo se formó solamente para el Hombre,
su meta, su fruto, y de ahí llevarlo para su crecimiento eterno.
El Hombre es único en el universo, por lo tanto,
espiritualmente, la tierra es el centro del universo, como
enseñó la iglesia medieval.
Será una historia eterna de crecimiento del Cuerpo de Cristo.
Como no se hallará nada nuevo en el Universo, se hallará
siempre las mismas cosas ya conocidas actualmente, eso significa que mi
Cuerpo Cristiano siempre será el mismo, porque mantendrá
la misma cantidad de áreas del conocimiento humano. Y llevare
consigo todas las partes de la Sociedad al espacio, autoridades
eclesiásticas y civiles, médicos, ingenieros, profesores,
todas las demás profesiones y oficios. Es decir, todo mi Cuerpo
seguirá creciendo por igual, sin cambios ni sucesión,
tenderán a avanzar en un sentido que no se detendrán
nunca, de terrestre, a interplanetario, galáctico e
intergaláctico. Mi futuro Cuerpo será eterno.
Así todas las partes de mi reino, aumentarán en
tamaño a medida que la Conquista pase del Sistema Solar, a las
Galaxias, Todo el Cuerpo de Cristo, como el Corazón, las
Arterias, las Venas, el Sistema Circulatorio, serán cada vez
más grandes, a medida que se vaya extendiéndose de la
tierra hacia el exterior, cada vez más lejanas en el Cosmos.
Será el crecimiento eterno de mi Iglesia Celestial, semejante a
un individuo humano, después de Nacido, que crece, de la
infancia, a la adolescencia, a la vida adulta. La misma Persona
Su crecimiento será constante., así como la planta crece
y desarrolla, que extiende sus ramas en todas direcciones. Esta forma
de crecer será inevitable, nada lo podrá parar.
Según la ciencia, el Universo siempre está en
expansión, entonces, el progreso del Cuerpo Cristiano no
tendrá fin.
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