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12. Mi Entronización

En ese día, el Papado llegará a su fin cuando lo consagre a la Humanidad entera ya Resucitada, y la hará sentar en el trono de San Pedro por medio de mí como su representante visible. Y lo haré instituir oficialmente mi nueva Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles para siempre. Con la edificación de mi Iglesia se cumplirán todas las Escrituras. Será el fin de la conquista de la tierra y pueblos y el comienzo de la conquista de las Galaxias para el crecimiento eterno de ese Hombre del futuro.


El Hombre Resucitado será consagrado por el Papa como el nuevo Pastor Universal.

En aquél día, el Papa aún seguirá siendo el Jefe de estado de la Ciudad del Vaticano pero hará sus últimas actividades, invitando al Episcopado renovado y a todos los gobernantes de las Naciones Unidas para estar presente en la inauguración de la Nueva Monarquía: el cambio de mando (1 Sam. 11:14,15).

De acuerdo a la Constitución universal aprobada, tanto por las autoridades eclesiásticas y civiles universales, en la Alianza, le corresponderá al Papa ungirme como cabeza legal visible de la Nueva Nación organizada, con los mismos títulos como Padre de reyes, Gobernador del mundo, Vicario de Cristo, sacará su anillo de pescador y colocará en mi dedo, me pondrá la cruz pectoral sobre mi cuello, y su investidura fina en mi, símbolos propios de su autoridad, y me hará sentar en su trono que está en la Ciudad del Vaticano, ante la presencia de toda la humanidad. Seré constituido oficialmente Cabeza de toda la Iglesia, la cual será mi Cuerpo (Efe. 1:22,23). Para que en todo tenga en mí la primacía (Col.1:18). Se cumplirá lo que está escrito como figuras de este acontecimiento en Gén. 41:40-44; Dan 2:48; 5:29. Será el Sumo Pontífice quien me dirá a mí como Rey "El Señor te consagra hoy gobernante de Israel, su pueblo" (1 Sam. 10:1). ¿Quien es el Señor? Es la Humanidad entera, santa y justa, tanto los Apóstoles como las Naciones Unidas, con el consentimiento y aprobación de ambos me consagrarán como su cabeza por medio del Papa. 

Seré coronado como Rey, Sacerdote y Profeta, en representación de toda la Humanidad. En este acto encarnará mi misión y mi autoridad universal. De esta manera, seré escogido para gobernar sobre ellos conforme a los mandatos de aquél Concilio (Deu. 17:14-20). En ese entonces, seré consagrado como el verdadero San Pedro, que obtendré los títulos propios de Jefe de la Humanidad, Pastor Universal, el Sumo Pontífice, Padre de los reyes, Gobernador de la tierra.

Así como Pablo ha escrito “Para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Efe. 1:10). En mí sea el todo en todos, porque todo fue creado por medio de mí y para mí" (Col. 1:16,18; 3:11).

Una vez terminada esta Ceremonia de mi entronización, Unción-Elección, el Obispo de Roma, ya no será más Pedro, abandonará todas sus funciones y será cambiado de residencia, se irá a su respectiva Diócesis, para retomar su función de Obispo de Roma. El se sentará como todos los demás obispos sentados allí presente en ese día. El abandono de la Santa Sede del Obispo de Roma se pondrá así el fin del Papado y su Iglesia Católica antigua y el fin del mundo. Será su apoteósis.


La institución de la Nueva Monarquía Universal

Sentado en mi trono glorioso de San Pedro, con los mismos títulos, las mismas funciones de Sumo Pontífice, del desaparecido Papado, para fundar mi nueva Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles, según como se describa el estatuto religioso y político, que representará la carta magna de este nuevo Templo de Jerusalén que será inaugurada.

Estableceré mi nueva Monarquía en la Santa Sede, con los Apóstoles como mi Sistema Nervioso Central, y a los jefes de Estados y de Gobiernos de las Naciones Unidas, como mi Sistema Nervioso Autónomo, y a todos los demás miembros diversos de mi Cuerpo biológico, “pues ahora he escogido y santificado esta Casa, para que en ella permanezca mi Nombre para siempre. Allí estarán mis ojos y mi corazón todos los días” (2 Cro. 7:16). 

Constituiré con ellos la nueva Nación Santa, o la Nueva Iglesia Católica, y pondré a la Ciudad del Vaticano como la Capital de todos los Estados nacionales, estos serán convertidos en provincias. Pondré a la Santa Sede como el nuevo centro religioso de las Naciones Unidas. Los mandatos de aquél Concilio será la regla universal de la vida humana. Quedando sellada esta obra maestra de la humanidad con la unión de los miembros conmigo y entre sí. De esta forma el Cuerpo de Cristo habrá llegado "al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo" (Efe. 4:13).

Se comenzará formalmente mi reinado sobre la nueva Iglesia Católica. De esta forma, quedará afirmada mi soberana autoridad sobre los seres humanos y las instituciones que estarán sujetas a mi dominio, mi posesión. Quedará afianzada la unidad de las Naciones y estos a sus pastores. Gobernaré como las naciones, no por mi voluntad, ni por mis ideas, sino hacer la voluntad del Señor por medio de mandatos establecidos en aquél Concilio. Seré el líder religioso y político, el rey ejecutor de la voluntad de Dios en medio de mi Pueblo. Con edificación oficial del edificio espiritual (1 Ped. 2:4,5; 2 Cor. 6:16) se dejará cumplida el nuevo Pacto. Se producirá así como la segunda venida de manera gloriosa en mí. como jefe y mi pueblo mesiánico (Hec. 1:11). Ellos y yo, un solo Señor. Eso es Nacer de nuevo como humanidad reconstituida en mí. “pues yo soy Yavé, el Dios de ustedes, que los saqué de la tierra de Egipto para darles la tierra de Canaán y ser su Dios” (Lev. 25:38).

Con mi entronización significará el fin del mundo, todo estará terminado "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido; y el mar no existía ya." Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, del lado de Dios, ataviada como una esposa que se engalana para su esposo. Oí una voz grande, que del trono decía: He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres, y erigirá su tabernáculo entre ellos, y ellos serán su pueblo y el mismo Dios será con ellos, y enjugará las lágrimas de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado (Apo. 21:1-4).

Sellaré también la separación de justos e injustos para siempre. "Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. “La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras” (Mat. 25:31-32). Todos los problemas mundiales estarán perfectamente controladas, y no habrán más otros nuevos, como está escrito “ “Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, pues lo protege lo que en él ha nacido de Dios, y el Maligno no puede tocarlo”  (1Juan 5:18).


Ellos y yo, un solo Hombre Coronado.

Todos los títulos y funciones que recibiré del Papa, no serán solo para mí, sino que serán también para mis miembros. Si alguien se llama Juan, su mano es de Juan, su pie es de él. Lo mismo, al ser consagrado como Pastor Universal, a su vez, haré fluir ese título a todos los miembros de mi Cuerpo, a mis Ojos, a  mis Manos, a mis Pies… porque son de posesión de la Cabeza (Apo. 1:6; 5:10). Seré Coronado como Rey, Sacerdote y Profeta y a mis miembros serán a quienes coronaré como reyes, sacerdotes y profetas (Apo. 17:14; 19:16). Primero a los miembros superiores que son los Apóstoles, después a los miembros inferiores que son de las Naciones Unidas, según el orden hasta los más bajo "Como un ungüento fino en la cabeza, que baja por la barba de Aarón, hasta la orla de sus vestiduras" (Sal. 133:2). Como afirma San Agustín: “No ha sido únicamente nuestra Cabeza la que fue ungida, sino también nosotros su Cuerpo” (Salm 26). Este gran organismo, como Cuerpo unido, armónico y coherente, será como “la ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero” (Apo. 21:23). Que como Cabeza iluminará a sus miembros, los cuales serán la lámpara.

Y lo haré sentar en sus respectivos tronos de autoridad, llegando a ser uno en mí, porque ellos tendrán mis mismos privilegios. Así como está escrito "Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo" (Mat. 25:34). Imposible sentarme sin mi Cuerpo, por eso, no solo como la Cabeza me sentaré en el trono que está en la Santa Sede, sino que lo haré sentar conmigo todo mi Cuerpo hasta mis Pies, como Hombre completo. Como dice Pablo “con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Efe. 2:6). Yo y todo mi Cuerpo no habrá más que un solo Sumo Pontífice  “un gran Pontífice que penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios" (Heb. 4:14). Un solo Cristo juzgando al mundo "cuando el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su gloría, os sentaréis también vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mat. 19:28). Ellos y yo: un sólo Monarca, un único Ungido por derecho de conquista.

Seré un único San Pedro, como un edificio del cuál, todos ellos serán piedras vivas, unidas a mí como piedra angular, como recuerda Pedro  "Acercándoos a él, piedra viva... también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo...vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real" (1 Ped. 2:4,5).

Con esta creación del nuevo Pueblo de Dios estará consumada, totalmente consagrada para mí. Todas las cosas serán creadas por medio de mí y para mí. Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Rey coronado. Tendré la primacía (Col. 1:18). La unión suprema será sellada, quedando definitivamente consumada como Hombre Celestial. El Reino de Dios completamente consolidado. La Alianza estará completamente cumplida al tener a Israel reunificada como una Nación definitiva. Se habrá realizado la restauración completa con mi entronización.  Se habrá comenzado el Cielo.


Se comenzará la Era del País Eterno.

La Nación supranacional que estableceré en el día de mi entronización durará para siempre. Será siempre el mismo reino celestial, no existirá distancia ni extensión. El siempre Hoy.

A partir de entonces, en mí persona empezará la dinastía eterna del Señor. Seré el Soberano de la Ciudad del Vaticano, la cabeza visible y tendré la plena jurisdicción sobre toda la humanidad, como mi Iglesia, sin mancha y perfecta. Desde el trono de San Pedro conservaré la unidad y la estabilidad de mi reino en libertad. Mi Casa y mi trono serán estables para siempre, con mis sucesores quienes seguirán mi sello de gobierno, tal como lo indiquen los documentos del futuro Concilio en confirmación del Vaticano II, sobre la sucesión perpetua en el trono.

Seré ungido en forma oficial por el Señor. Elegido divinamente, es decir, por toda la Humanidad Santa, para desempeñar en su nombre la función encomendada, como representante de Dios para dirigir al Pueblo con mis Apóstoles. En la Santa Sede, donde estará ubicado el gobierno central, que bajo mi dirección estará consolidada la Vida Eterna en justicia y fraternidad, supervisaré para que se mantenga todo lo conquistado, lo logrado, como la unidad política, económica, social, lo mismo la unidad de los Apóstoles y las Naciones Unidas jamás se rompan por los siglos de los siglos. "Poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu" (Efe. 4:3,4).

Bajo la influencia de la Cabeza, todos los miembros desarrollarán su misma actividad para siempre, así como dice Pablo "Crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor" (Efe. 4:15,16). Mi cuerpo será  paz y de luz, porque habrá perfecta armonía, entre los miembros y yo, y los miembros entre sí. Mi Cuerpo será mi patria, mi familia, eminentemente social.

Los miembros estarán sólidamente unidos en mí, su Jefe, no hará sino uno solo en mí, de la misma manera que mi muñeca está fuertemente unida entre mi mano y mi brazo, como una sola cosa conmigo, porque pasan un nervio que hace mover a mi mano y mis dedos que mi cerebro le ordena, y una arteria que circulara la sangre. Lo mismo será cuando yo ordene al nervio y la arteria espirituales que transmita al miembro. Son las ligaduras del miembro al Cabeza, como dice Pablo, "en lugar de mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios" Col. 2:19.

Aunque las Naciones Unidas ya estén cumpliendo los mandatos universales desde el fin de la opresión y la injusticia, o sea desde mi Muerte, que bajo mi supervisión como Rey nadie de la humanidad estará faltando techo, abrigo, alimento, pero sin los Obispos preparados para gobernar sobre ellos, algo así como ovejas sin pastor (Mar. 6:34). Por eso, será hasta mi Entronización, lo tendré a ellos como mis autoridades superiores que regresarán a sus respectivas diócesis para encargarse de que todos los mandatos se cumplan, que las autoridades civiles de sus respectivas jurisdicciones continuaran dando adecuadamente a todos los ciudadanos que necesitan. Estarán para mantener a todos los ciudadanos bien alimentados, evitando que nadie pase hambre ni un día, y que todos puedan participar en el progreso económico y social de mi futuro País, bajo la Ley del Amor.

También mantener a todos los problemas mundiales bajo control, por todas las generaciones, siempre en vida y en abundancia. Después de mí, serán mis sucesores que seguirán representando al Monarca, el Hombre entero. Eso es eterno, mantener bajo control todos los problemas mundiales. Nada se escapará. La Humanidad siempre recordará esta experiencia salvífica de la historia “De generación en generación se celebran tus obras, se cuentan tus proezas” (Sal. 145:4). 


A la Conquista del Universo

Es cierto que a mi Muerte se habrá perfeccionado definitivamente el buen conocimiento del Cosmos, para entonces los hombres tendrán todas las condiciones necesarias, para establecerse fuera de la atmósfera terrestre, contando con satélites artificiales, y naves espaciales tripuladas y reutilizables, y no tripuladas, máquinas perfectamente ajustadas a las leyes de la astronomía. Seguridad en los vuelos, atracar o acoplar naves, reabastecimiento, paseo o caminata espacial, reparaciones de satélites y naves, establecer estaciones espaciales. Elaborar mapas, analizar y medir el tiempo, extraer muestras de la superficie de los cuerpos celestes. Poner pie y establecerse en forma permanente en los objetos celestes lejanos. Todos llegarán a ser perfectos al ser liberados de sus problemas pendientes.

Pero habrá que esperar hasta el día de mi Entronización, entonces como Rey coronado podré tener las atribuciones reales para anunciar el término de la conquista de tierras y pueblos, y dar inicio a la era de la conquista de las estrellas. Serán las estrellas en los cielos mi nueva conquista. Hay un Universo que conquistar, con las áreas de la astronomía y la astronáutica, listas y preparadas para dominar y poblar cientos de miles de millones de galaxias, en cada una de ellas hay unos cien mil millones de estrellas. ¿Será posible eso?. Sí, porque el Hombre Nuevo vivirá para siempre, todo lo que haya en los cielos es para dejar a su disposición. Si el hombre viejo ha sido destinado para vencer y dominar la tierra, lo mismo el nuevo lo hará en el cosmos. 

Porque para entonces todos mis miembros ya transformados, serán oficialmente mis Manos, mis Brazos, y el resto de mi Cuerpo, a hacer mi voluntad. Por ejemplo, como Rey quiero colonizar el planeta Marte; no iré personalmente allá con una nave, sino serán los astronautas, ejecutores de mi pensamiento director.

Así como un ser humano, cuando quiere ir a alguna parte o hacer algo, sus brazos, sus piernas, todo su cuerpo, le sigue, se movilizan obedeciendo la orden del jefe. Lo mismo será Mi Cuerpo que no podrá separarse de mi como Cabeza, serán mis colaboradores perpetuos. Mis Ojos lo usaré con distintos instrumentos, como microscopios para ver los seres minúsculos, con los telescopios para ver el cosmos, las estrellas. Mis  brazos los usaré con la pala mecánica, perforadores de petróleo, o el brazo de una nave espacial que recogeré para rastrear los suelos de otros planetas, con los seres humanos que trabajarán en ellos.

Mi Cuerpo tendrá que crecer hacia el exterior de la tierra. Si un miembro, del área de la astronomía, logre pisar por primera vez un planeta, todos los demás miembros, todos los conocimientos humanos, participarán de cierta manera por él y en él del Cuerpo de Cristo para su desarrollo. Lo que beneficie a un miembro no puede ser indiferente para los demás. Lo que eleve a uno, eleva consigo a todas las muchedumbres de elegidos. Sentado en mi trono empezaré a llamar a todas las naciones para participar esa tarea futura, colonizar y dominar el cosmos para el crecimiento eterno de mi reino.

No se hallará nada desconocido, siempre será el mismo Cuerpo humano. Como no se hallará nada nuevo en el Universo, sino que se hallará siempre las mismas cosas ya conocidas actualmente. La materia, energía, tiempo y espacio, es todo lo que hay, no habrá nada nuevo que descubrir en el firmamento, solo habrá que adaptar sus inventos para superar distintos obstáculos, dificultades cósmicas y poder colonizarlo. En esta nueva conquista, la ciencia, la tecnología y todos los demás conocimientos siempre serán los mismos, que no tendrá ni pasado ni futuro, serán siempre hoy, pero si serán mejorados, ampliados para superar las dificultades en sus conquistas interplanetarias e intergalácticas. El universo es tan infinito que la conquista en sí parece no tener fin.

En este momento, al publicar mi mensaje, coincide con la cesación de los descubrimientos de cosas desconocidas por el Hombre, y no ha sido hallada otras humanidades, con esto queda comprobado definitivamente que no existen tales cosas en el universo. Lo que explica que el vasto universo se formó solamente para el Hombre, su meta, su fruto, y de ahí llevarlo para su crecimiento eterno. El Hombre es único en el universo, por lo tanto, espiritualmente, la tierra es el centro del universo, como enseñó la iglesia medieval.

Será una historia eterna de crecimiento del Cuerpo de Cristo. Como no se hallará nada nuevo en el Universo, se hallará siempre las mismas cosas ya conocidas actualmente, eso significa que mi Cuerpo Cristiano siempre será el mismo, porque mantendrá la misma cantidad de áreas del conocimiento humano. Y llevare consigo todas las partes de la Sociedad al espacio, autoridades eclesiásticas y civiles, médicos, ingenieros, profesores, todas las demás profesiones y oficios. Es decir, todo mi Cuerpo seguirá creciendo por igual, sin cambios ni sucesión, tenderán a avanzar en un sentido que no se detendrán nunca, de terrestre, a interplanetario, galáctico e intergaláctico. Mi futuro Cuerpo será eterno.

Así todas las partes de mi reino, aumentarán en tamaño a medida que la Conquista pase del Sistema Solar, a las Galaxias, Todo el Cuerpo de Cristo, como el Corazón, las Arterias, las Venas, el Sistema Circulatorio, serán cada vez más grandes, a medida que se vaya extendiéndose de la tierra hacia el exterior, cada vez más lejanas en el Cosmos. Será el crecimiento eterno de mi Iglesia Celestial, semejante a un individuo humano, después de Nacido, que crece, de la infancia, a la adolescencia, a la vida adulta. La misma Persona

Su crecimiento será constante., así como la planta crece y desarrolla, que extiende sus ramas en todas direcciones. Esta forma de crecer será inevitable, nada lo podrá parar. Según la ciencia, el Universo siempre está en expansión, entonces, el progreso del Cuerpo Cristiano no tendrá fin.


11. Mi Resurrección

13. La Madre Virgen que está de Parto




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