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10. Mi Muerte

La Muerte de Cristo, será la muerte de los Apóstoles y las Naciones Unidas, unidos a mí, cuando estos hayan puesto fin a todas las esclavitudes mundiales. Después vendrá un período en que el Hombre entero como Cristo Sepultado. Habrá una serie de acontecimientos de tipo espiritual: el reconocimiento oficial de ambos a mí como su cabeza, la convocación de un nuevo Concilio, la instrucción y la aprobación de la humanidad del mismo, para construir finalmente el Templo que será mi Cuerpo social.


Mi Muerte no será la última palabra

Aunque todas las partes de la sociedad  tengan ese deseo y la esperanza por ver ese día de su incorporación definitiva a mí, pero ese día no llegará sino cuando las últimas de ellas hayan sido liberadas de todos los problemas mundiales. Mi muerte tiene que ser completa, nada de la Sociedad debe estar exenta. Para que se incorporen a mí, tienen que estar en perfecta salud, no puede haber nada pendiente, o que no se haya erradicado completamente. Deben estar libres de todo pecado, para que todos lleguen a ser perfectos como yo soy perfecto.

Todo lo que es de este mundo tiene que haber desaparecido entonces. "En un momento, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro quedaron todos convertidos en polvo, como el que se ve en verano cuando se trilla el trigo, y el viento se lo llevó sin dejar el menor rastro" (Dan. 2:35). Por los méritos de mi Pasión, toda opresión e injusticia como manchas o el pecado habrán sido borrados o desaparecidos. Ni el lugar de ellos será hallado.

El fin de toda opresión e injusticia o pecados globales, será mi Muerte, como Pablo dice: “Pues el que está muerto, queda librado del pecado” (Rom. 6:7). Será una muerte física, el fin de la etapa histórica actual. Mi Muerte no será la muerte del pecador sino la Muerte del Justo, por alcanzar el triunfo sobre todas las injusticias humanas. Por eso, será la muerte del Hombre entero que habrá sabido luchar por la justicia, la libertad y la dignidad para todos. "Felices desde ahora los muertos que mueren en el Señor" (Apo. 14:13).

¿Qué habrá después de mi Muerte? Una vida de ultratumba. Más allá de mi Muerte el pecado habrá sido borrado por completo (Rom. 6:10). Eso significa que habrá un nuevo tipo de silencio total por la desaparición de raíz del mundo viejo con todas sus injusticias para siempre. Una nueva paz eterna.

Desde ese entonces seguirá el mismo Hombre del actual pero libre del pecado. Serán incorporados a mí todos y cada uno de los departamentos especializados como son realmente, con una existencia nueva de manera auténtica y definitiva. Ellos podrán decir como Pablo "en la libertad con que Cristo nos hizo libres" (Gál. 5:1). Sin mancha de pecado. “El pecado ya no los volverá a dominar, pues no estarán bajo la Ley, sino bajo la gracia” (Rom. 6:14). Se habrá acabado el cautiverio del mundo viejo, para empezar a gozar la alegría eterna. Se cumplirá lo que está escrito "Yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os saqué del país de Egipto, para que no fueseis sus esclavos; rompí las coyundas de vuestro yugo y os hice andar con la cabeza erguida" (Lev. 26:13).

Mi Muerte como Hombre entero no será el fin de todo. No será la última palabra, sino el comienzo de una nueva existencia  No será el final sino el comienzo de una nueva y larga marcha por el desierto hacia otra meta que le tengo fijada a la humanidad entonces liberada, es decir, comenzar a emprender el camino hacia mi Resurrección, estando yo como Rey y ellos mis miembros ya incorporados. Será mi Iglesia que nace en el desierto como una tierra próspera, en justicia y paz, pero aún quedan sucesos por realizar para que se cumplan todas las Escrituras. 


El Bautismo Real

Por el mérito de haber sacado del mundo viejo a toda la sociedad cristiana, seré reconocido oficialmente por los gobernantes de todas las naciones, como el nuevo Rey de la tierra, el Jefe de la Humanidad Nueva. El nuevo Cristo universal, ellos me pondrán como su segundo en el mando, su representante visible.

En ese entonces, todas las religiones mundiales ya desaparecidas de la faz de la tierra, quedando solamente el Papado y todo el cuerpo episcopal liberados del culto. Una vez convenido como Rey, los gobernantes le pedirá a Pedro, que el hombre entero como Cristo, es el verdadero heredero del trono, y que yo como su representante visible será quien se sentará en aquél trono, con el fin de establecer un nuevo sistema de gobernarse como todas las naciones desde la Santa Sede. Se cumplirá como está escrito "Todos los ancianos de Israel se congregaron en la casa de Samuel en Ramá. Le dijeron: 'Te has vuelto viejo y tus hijos no siguen tus pasos, ya es tiempo de que nos des un rey para que nos gobierne como se hace en todas las naciones'" (1Sam 8:4,5). Esta futura petición que le harán los principales dirigentes de las naciones, de desear un rey de su tipo en el trono de San Pedro, se cumplirá como está escrito “Cuando llegues a la tierra que Yavé, tu Dios, te da, cuando la conquistes y habites en ella, tal vez digas: "Quiero tener un rey como todas las naciones vecinas (Deu. 17:14).

Todas las naciones expondrán su deseo de tener un rey en el trono que le pertenece, y una legislación humana que le sea propio, basado en la libertad. Esta petición universal será como resultado de los clamores de los pueblos de la tierra que obligarán a sus autoridades civiles a hacer suya esta demanda a Pedro, para integrarse a lo propio y vigente en la Ciudad del Vaticano.

No solamente seré reconocido por los gobiernos nacionales, sino que también por Pedro y los Apóstoles ya liberados por completo del culto, de su vida anterior (Mat. 4:18-20), me reconocerán oficialmente como Rey de las Naciones. De esta forma, el mismo Pedro confirmará respondiendo al clamor del pueblo de poner un rey en su trono, como está escrito "Hazles caso y ponles un rey" (1 Sam. 8:22). Así ambos, los Apóstoles y las Naciones Unidas, llegarán a ser uno en mí, como un Único Cristo en libertad y justicia plena.

El reconocimiento de ambos poderes universales a mi como su Rey, significará la incorporación oficial de ellos como miembros de mi Cuerpo. "Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu" (1 Cor. 12:13). La multitud de departamentos especializados dispersos, será en ese entonces un solo Viviente, separados del antiguo Adán, para ser incorporados al nuevo, de naturaleza divina, formando un solo Cuerpo Humano en mí (2 Ped. 1:4; Gál. 3:28).

Esta será la Cruz que sellará la fundación de mi Cuerpo cristiano con el Bautismo y que todos serán sepultados conmigo en mi Muerte (Rom. 6:4). Todos serán hechos por medio de mí y para mí... para que sea la cabeza de mi cuerpo que será formado, es decir, mi Iglesia. Tanto el Episcopado como las Naciones Unidas por haber cumplido el mandato de la libertad y los derechos humanos, serán unidos a mí, como Cristo Total.

LA ASCENSIÓN DESPUÉS DE MI MUERTE

En este tiempo, de la Pasión a mi Muerte, será un tiempo que resolveré los problemas políticos con las Naciones Unidas, y en ese tiempo desde mi Muerte, del más allá, resolveré los problemas espirituales con los Apóstoles. El Bautismo separa un ante que será político y un después, será espiritual.

Después de ser Muerto por los hombres, o sea, una vez cumplido todos los mandatos civiles, se comenzará una etapa nueva y divina, a prepararse para ser resucitado por Dios. El tiempo en que los Apóstoles y las Naciones Unidas empiecen a seguirme como mis miembros incorporados, como un solo Hombre para proseguir mi obra, esta vez de tipo espiritual, propio de la ascensión de Cristo después de la Muerte.

En la parte civil, no habrá nada más que hacer, todas las Naciones estarán viviendo en paz y justicia, nadie estará pasando hambre, todos los problemas mundiales estarán bajo control. La incorporación de los miembros como mi Iglesia en el Bautismo, los será parcialmente, porque como Cabeza veré las cosas tal como establezcan los hombres que, según las Naciones Unidas consideran como miembros a las naciones. Por eso, no podré ir más allá de lo que ellos conocen como tales, verlo como mis miembros a cada uno de los departamentos especializados, aplicaré solo la parte visible de la verdad oculta que he revelado. Por eso, mi Muerte será producto de la parte política, o sea, muerto por los hombres.


La convocación de un nuevo Concilio

En el Bautismo, seré proclamado como Rey de las Naciones y se producirá mi entrada al mundo sobrenatural, donde tendré que resolver la parte espiritual todavía pendiente. Esta vez serán los Apóstoles con Pedro a la cabeza quienes empezarán a seguirme, solo con lo puesto como su única pertenencia (Mat 4:18-22), pero su conocimiento y experiencia de su estilo de vida anterior le servirán como herramientas necesarias para asumir su nuevo rol. Lo que haré en ese mundo del más allá, está también escrito y espera su cumplimiento. Entonces, yo como Rey tendré la atribución de convocar un nuevo Concilio, porque mi Iglesia libre de pecado, no puede quedarse sin el fundamento en qué apoyarse (Mat. 16:18), para la reconstrucción del futuro Templo de Dios, y formaré a ellos como mis futuros pastores para gobernar a las naciones. Esto significará la adopción de una nueva monarquía para no hallarse un paso por detrás de las naciones, al reconocerme como el futuro ocupante del trono de San Pedro. 

Yo como Rey Justo y Santo, el Cristo único, el Hombre-Total, mi meta será sentarme en el trono de San Pedro, al fin de los días, en la Ciudad del Vaticano. "Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?" Jesús contestó: "A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna (Mat. 19:27-29; Rev. 3:21).

Aunque Pedro haya renunciado a la vida pasada, seguirá sentado legalmente en el trono hasta el último día. Ya que el trato será entre el Papa y yo como Rey de la tierra. Él me acompañará como legalmente corresponde su investidura, ya que él es el administrador de todos los misterios de la Iglesia que debe ser consumada en mí. 

En el Concilio, recibiré a Pedro y los Apóstoles como hombres y mujeres libres igual que el resto de los seres humanos, ya que ellos mismos habrán puesto fin a las normas eclesiásticas contrarias a los mandatos universales de las Naciones Unidas, antes de ser incorporados a mí. Así que no consideraré sobre sus vidas privadas, sus opciones sexuales, si se casan y formando familias. La igualdad y los derechos humanos en ellos serán respetados. Separaré lo privado y lo público, me interesará esto último solamente.

La convocatoria del Concilio será para confirmar y llevar a cumplimiento el Concilio Vaticano II y otras enseñanzas de la Iglesia, sobre todos los temas, bíblicos, litúrgicos, catequéticos, sociales, laicales. Cosas que para ellos son redes de la pesca, sus herramientas de trabajo, que hayan dejado atrás, como cosas viejas que encontrarán en lo nuevo mediante la libertad humana.
 
Sustituiré los diez mandamientos de la Iglesia del Papado por los diez mandamientos que será creada en ese Concilio, como plataforma necesaria para edificar una Sociedad plenamente justa en el último día.

Como la sociedad entera estará unida oficialmente a mí como mis miembros, solamente en la parte política, pero considerar entonces a los miembros en la parte espiritual, como mis Manos, mis Pies, mis Arterias, etc, será de manera torpe, confusa, por no estar definida y clara a qué parte de la Sociedad corresponde ciertos órganos del Cuerpo. Debido a esta falta de claridad, los propios miembros seguirán discutiendo, tergiversando, murmurando, dirán que lo suyo pertenece a esto o aquello de mi Cuerpo. El significado que es biológico pero vacío, aún sin nada definido. Se estará cumpliendo esta situación, como está escrito sobre las disputas de los israelitas en el desierto con Moisés.

Este problema de la verdadera identidad biológica de mi Cuerpo social se resolverá en el Concilio donde será perfeccionada, con la ayuda de la misma ciencia actual que para entonces estará libre de los errores pendientes. Estarán allí, científicos, filósofos y teólogos a cargo del consejo pontificio para colaborar conmigo en la creación del diseño o modelo de la construcción de mi Cuerpo semejante a un cuerpo vivo de nuestra especie. Serán quienes tendrán que individualizar los departamentos especializados, cada una de las instituciones e inventos de la Sociedad con sus correspondientes Órganos y Tejidos. Desarrollar, rellenar, tal como un biólogo lo llama por sus nombres a diferentes partes de un cuerpo humano, como los nombres de distintas partes del ojo, la mano, el pie, de los huesos, de los nervios, etc. Lo mismo deberán darles esos mismos nombres biológicos a todas partes de la sociedad cristiana porque es verdaderamente un Cuerpo Humano, que nada falta ni nada sobra. Está será la nueva y soberana tarea de llamar por sus nombres todas las cosas de la Sociedad humana desde la perspectiva biológica. (Exo. 24-31). En el Concilio será donde se construirá el plano de la construcción del Templo de Dios. Esta será la Ciencia de la Nueva Humanidad que se completará cuando los expertos de toda clase lleven a buen término y unitaria esta enseñanza comparativa del reino animal con la historia humana. 

También trataré sobre la creación del nuevo País Supranacional, que significará tener a la Ciudad del Vaticano como el Estado Capital de todos los Estados nacionales, y estos como Estados provincias.

Haré que mi Iglesia santa y sin mancha sea subsistida en la Iglesia Católica, hacerla permanecer, conservar todas las condiciones propias de su ser y naturaleza. Que sea la misma Iglesia del Papado, que siga siendo una, santa, católica y apostólica, pero redefinida con otro corazón, con otra disposición mental, un tipo de gobierno distinto de aquella, o sea, mi reino será una monarquía real que reemplazará a la monarquía papal. Transformación definitiva de la sombra a la realidad.

Y también trataré sobre los preparativos para el día de mi entronización, el traspaso del mando del Papado a mí, como el nuevo ocupante del trono. Dejar a las Escrituras definitivamente interpretadas, aclaradas y cumplidas en forma oficial para pasar a la historia.

Estaré allí con los Apóstoles en privado por tres años, o menos, el tiempo indicado según los evangelios, posiblemente simbólico. Estaré con ellos, viviré con ellos. Les formaré, les educaré. Comeré con ellos.

Durante el Concilio con los Apóstoles, le parecerá a las Naciones Unidas un tiempo largo (Éxo. 32:1). Indudablemente, habrán varias sesiones y largos debates entre los presentes, en cada una de ellas se contará con la aprobación por votación mayoritaria de los padres conciliares a cada uno de los documentos, constituciones, decretos, preparados por expertos. La creación de la Nueva Alianza estará terminada con la aprobación oficial del Cuerpo episcopal.

La clausura del Concilio significará el fin de todos los misterios, es decir, dejar todos definitivamente aclarados. No podrá haber nada sin resolver.


Después del Concilio: instrucción a mi Pueblo

Yo como Rey de las Naciones Unidas, la máxima autoridad humana, daré por clausurado el Concilio, cuando tengan preparados y aprobados todos los documentos que serán los mandamientos y enseñanzas. Emprenderé el paso siguiente que será la instrucción a las Naciones Unidas.

Una vez fuera, me dirigiré a la humanidad que está en silencio, en la soledad del desierto, porque no tiene nada más que decir, viviendo en total justicia y paz. Esperando este momento y lista para escucharme a sola conmigo el resultado del Concilio que le daré a conocer todo e impartirles instrucciones religiosas (Éxo. 24:12; 34:32; 35:1). Le anunciaré que todos los misterios de la Iglesia hasta el último detalle están definitivamente resueltos y explicados, ampliados y mejorados definitivamente. Será el tiempo de la instrucción sobre las nuevas creaciones, como los Diez Mandamientos, los planos para el Templo y el sacerdocio.

Anunciaré la Resurrección de los muertos. Como previamente se ha producido mi Muerte, eso significa  que es el tiempo en que todos estarán muertos. El Concilio y la posterior instrucción a mi Pueblo se realizarán en el tiempo que el Ser Humano se encontrará sepultado en su Tumba. Por eso, al término del Concilio, empezaré a anunciar la resurrección de los muertos "llegará la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Mi Voz. Los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida; pero los que obraron mal, resucitarán para la condenación" (Jn. 5, 28-29; Dan. 12:2). Esa hora estará cerca, pero antes deberán recibir mis instrucciones, para que los muertos alcancen la Vida con la Resurrección.
 
Expondré los nuevos 10 mandamientos y otras leyes. Presentaré a todas las santas y justas naciones de la tierra, algo así como la Constitución de la Nueva Nación que formaré en el último día. Debo recalcar que esa Ley será de Dios, será espiritual elaborada en el Concilio, como la Ley de la Vida para ser cumplida en la futura Resurrección, que se distinguirá de la Ley Internacional ya cumplida con Mi Muerte, pero formará parte para la Eternidad. Se cumplirá como está escrito: "¿cuál es la gran nación cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que yo os expongo hoy?" (Deu. 4:8).

Esta Ley imperecedera será para la Nueva Humanidad liberada del pecado y la injusticia (Deu. 4:44,45), pueda escuchar mi voz, y que actúen conforme a todo lo que les mande (Deu. 31:12; Jer. 11:4). Una paz eterna entre mi Pueblo y yo (Jer. 31:31, 33; Eze. 37:26). 

Anunciaré la construcción del Nuevo Templo sagrado. El propósito de que yo haya liberado a la humanidad de toda injusticia, es para poder cohabitar con mi Pueblo, como  está escrito “Me van a hacer un santuario para que yo habite en medio de ellos” (Éxo. 25:8; 29:46).), Esta es la razón principal de la convocatoria del Concilio para hacer el diseño completo por mi mismo con mis colaboradores. Por eso, le haré conocer a los gobernantes de todas las Naciones, todas las prescripciones del Templo, conforme al modelo hecho en el Concilio, para que ellos hagan todas las cosas, según los planos y las instrucciones detalladas sobre cada una de ellas (Éxo. 25:9). Me corresponderá supervisar este proyecto de la construcción del sagrado Edificio hasta completar el trabajo.

Será el tiempo de la instrucción sobre la creación del Edificio que será mi nuevo Cuerpo Humano (2 Cor. 5:1,2), definiendo cada una de las cosas de la Sociedad con sus respectivos órganos y tejidos completos.  

Pondré sobre las Naciones a los Apóstoles. Le diré a todas las Naciones Unidas que me serán mi Pueblo Santo, cuando le anuncie la designación de los Apóstoles para que sean mis sacerdotes preparados para pastorearlas, para que se cumplan lo que está escrito en Éxodo 19:6 “los tendré a ustedes como un reino de sacerdotes, y una nación que me es consagrada”. Y que lo tendré separados de ellas (Éxo 28:1). De esta forma formaré a los dos una sola Nación Santa.

Y fin de la instrucción. Yo diré todo lo indicado por el Concilio y pondré fin al tiempo de la instrucción (Exo. 40:16). Y pondré a la espera de la respuesta del hombre.


Mi proyecto aprobado por toda la Humanidad

En el acto preparatorio, que consiste en instruir a todas las Naciones Unidas para lograr finalmente su aprobación unánime a mi proyecto de formarlas juntos a los Apóstoles como mis sacerdotes en un solo pueblo para mí, como está escrito  “si ustedes me escuchan atentamente y respetan mi alianza, los tendré por mi propio pueblo entre todos los pueblos. Pues el mundo es todo mío, pero los tendré a ustedes como un reino de sacerdotes, y una nación que me es consagrada…Todo el pueblo a una voz contestó: "Haremos todo lo que Yavé ha mandado“ (Éxo. 19:5,6,8; 24:3).

La respuesta del “Sí” de toda la humanidad a todos los documentos hechos en el Concilio, significa que aceptarán todas las obras que yo haré, como la construcción biológica de mi Cuerpo, donde cada parte de la Sociedad se incorporen en sus lugares correspondientes. Que aceptarán la formación de la Nueva Nación, en la cuál, la Capital será la Ciudad del Vaticano, y los estados nacionales como provincias, reunidas a mí como su Rey sentado en el trono de San Pedro en el último día.

Como todas las Naciones Unidas, más de 200 países, decidirán libremente su futuro eterno, por lo que este proyecto de la fundación del Nuevo Pueblo de Dios, tendrá que ser analizado para ser aprobado en sus respectivos parlamentos. Sin embargo, se cumplirá lo que está escrito, como ese texto del párrafo arriba que la respuesta del “Sí” será unánime.

Después de eso, todo el Pueblo será llamado a reunirse para celebrar la ceremonia de la Nueva Alianza. Los pactantes serán: El Episcopado, las Naciones Unidas y yo. Primero, yo como Rey de las Naciones seré reconocido por ambos, en forma oficial, como el Creador o Fundador de la Nueva Nación, el nuevo Pueblo de Dios. Con este Pacto, la humanidad entera me dará la autoridad para crear estos “cielos nuevos y una tierra nueva" (Isa. 65:17,18; 66:22).

Después, entre los dos pactantes, los Apóstoles con el Papa todavía su jefe legal, reconocerán a las Naciones Unidas como sus miembros inferiores, los cuales corresponderán a los numerosos sistemas del Cuerpo. A su vez, estos reconocerán a los primeros como sus autoridades superiores, equivalente al sistema Nervioso Central. Y el Pacto tripartito, que yo como Soberano lo reconoceré a los otros dos desde la perspectiva biológica o ver a la Sociedad humana como mi Cuerpo Humano, a los Apóstoles como mi Cerebro-Espinal, y a las Naciones Unidas como mi Autónomo y los demás sistemas de mi Cuerpo (Jos. 24:25). Lo mismo entre ellos, a mí como su cabeza, por ejemplo, “yo soy el Corazón de Cristo”, “yo soy la Mano de Cristo”, etc., o “él es mi Cabeza y yo soy su Corazón”, o “somos de su Cuerpo Humano”.

En esos pactos, yo me comprometeré en mi calidad de Rey, a amar y proteger a mi Pueblo. El pueblo se comprometerá a amar, a escuchar y a obedecer a mí, a cumplir esta nueva Ley del Amor. En total paz y felicidad.

Después de completar esta Ceremonia de Pactos, todo mi Pueblo unido a mí, como uno solo Hombre, comenzaré a construir el Templo de Dios de acuerdo al diseño hecho en el Concilio (Éxo. 25:9).


Todo el Pueblo dispuesto a trabajar por la Construcción de mi Cuerpo

La respuesta unánime del Pueblo a mi proyecto, significará para mí, en mi calidad de Rey de las Naciones, dar el vamos a la construcción del Templo que será mi Cuerpo, siguiendo meticulosamente el modelo del Concilio. Esta respuesta humana significará también que todas las naciones estarán dispuestas a trabajar con mucho entusiasmo en la Obra (Éxo. 36:1,2).

Este gran logro humano, no será posible si primero se luchara conta la opresión e injusticia, para que después venga un período de máximo esplendor para que la humanidad entera pueda entregarse por completo a esta maravillosa tarea espiritual. Así como David con sus guerras estabilizó el país para que su hijo y sucesor Salomón pueda construir el templo en tiempo de paz.

En el trabajo de la Construcción, habrá dos etapas que se cumplirá como está escrito. Primero, llamaré a los principales representantes mundiales a traer sus respectivas áreas como ofrendas. Todos mis miembros vendrán como voluntarios de corazón a ofrecer lo suyo, sus conocimientos y experiencias, con sus nombres verdaderos, como partes identificadas, por ejemplo, uno dirá “yo traigo la parte que pertenece a un elemento de la Mano”, otro dirá que es del Pie, otro, que es del Corazón, etc. (Éxo. 35:4-35). La humanidad entera será como maestros y trabajadores que se presentarán y se identificarán ante mí trayendo lo suyo, uno por uno hasta completar lo reunido (Éxo. 36:3-7).

En la segunda etapa, será el trabajo de la Construcción, cada cuál levantará su parte en el Templo. Todos mis miembros traerán lo suyo, su parte identificada en la Obra, conforme al modelo del Concilio, por ejemplo, coordinar los 200 Huesos, unos 650 músculos, 100 articulaciones, que tendrá mi Cuerpo. Reflejados con sus correspondientes partes de la estructura del tabernáculo como su mobiliario (Éxo. 36:8-39:43). Esta será la forma de restaurar todas las cosas dispersas en forma definitiva.

Cada una de las cosas de la Sociedad que son miembros se juntarán para transformarse en mis Manos, en mis Pies, mi Corazón, mis Arterias, mis Nervios, mis Huesos. Por ejemplo, aquellos que trabajan con el telescopio, microscopio, cámaras fotográficas, etc., se unirán para prepararse a formar mi Ojo. Lo mismo las demás cosas.

Esta será la Obra realizada por un único Hombre, cabeza y miembros, ya que a mis miembros lo incorporaré para que lleguen a ser mi Mano, mis Pies, etc. Llegarán a ser Yo Mismo. Así como está escrito de mí, “El constituyó a los unos apóstoles, a los otros profetas, a éstos evangelistas, a aquéllos pastores y doctores, para la habilitación de los santos en orden a la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la madurez del varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efe. 4:11-13). También el mismo Pablo escribió "Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, que da a cada uno como quiere... Dios ha dispuesto los diversos miembros colocando cada uno en el cuerpo como ha querido" (1 Cor. 12:11,18).

La construcción del Templo de Dios será la Obra del Hombre-Total, como Moisés quien levanta el tabernáculo, él y todos los miembros de su cuerpo (Éxo. 40:17-33). Moisés es figura y sombra de las cosas sobrenaturales que yo haré (Deu. 18:15, 18; Heb. 8:5). Lo mismo el Rey Salomón con la construcción del Templo de Jerusalén (1 Rey. 6-7). Que le inspiró a los constructores de los templos medievales.

Todos irán levantando lo suyo en sus lugares correspondientes, conforme al modelo, hasta completar la Construcción del Templo que será mi Cuerpo. Yo veré todo el trabajo para comprobar si la Obra está perfecta al ser comparada con el diseño arquitectónico trazado en el Concilio. Una vez terminada, no habrá más trabajo para la construcción por los siglos de los siglos “Para construir la Casa, se usaban piedras talladas en las canteras; mientras duró la construcción no se oyó en la Casa ni martillo ni hacha ni ninguna herramienta de fierro” (1 Rey. 6:7). 

Entonces, daré por concluida esta labor (Éxo 39:42-43). Con esta aprobación final, será señal que se habrá acabado el largo peregrinar por el Desierto, desde la salida del mundo viejo, pues el término de la Construcción del Templo, será el comienzo de mi Resurrección como Único Viviente.



9. Mi Pasión

11. Mi Resurrección




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