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La Muerte de Cristo, será la muerte de los Apóstoles y
las Naciones Unidas, unidos a mí, cuando estos hayan puesto fin
a todas las esclavitudes mundiales. Después vendrá un
período en que el Hombre entero como Cristo Sepultado.
Habrá una serie de acontecimientos de tipo espiritual: el
reconocimiento oficial de ambos a mí como su cabeza, la
convocación de un nuevo Concilio, la instrucción y la
aprobación de la humanidad del mismo, para construir finalmente
el Templo que será mi Cuerpo social.
Mi Muerte no será la última palabra
Aunque todas las partes de la sociedad tengan ese deseo y la
esperanza por ver ese día de su incorporación definitiva
a mí, pero ese día no llegará sino cuando las
últimas de ellas hayan sido liberadas de todos los problemas
mundiales. Mi muerte tiene que ser completa, nada de la Sociedad debe
estar exenta. Para que se incorporen a mí, tienen que estar en
perfecta salud, no puede haber nada pendiente, o que no se haya
erradicado completamente. Deben estar libres de todo pecado, para que
todos lleguen a ser perfectos como yo soy perfecto.
Todo lo que es de este mundo tiene que haber desaparecido entonces. "En
un momento, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro quedaron
todos convertidos en polvo, como el que se ve en verano cuando se
trilla el trigo, y el viento se lo llevó sin dejar el menor
rastro" (Dan. 2:35). Por los méritos de mi Pasión, toda
opresión e injusticia como manchas o el pecado habrán
sido borrados o desaparecidos. Ni el lugar de ellos será hallado.
El fin de toda opresión e injusticia o pecados globales,
será mi Muerte, como Pablo dice: “Pues el que está
muerto, queda librado del pecado” (Rom. 6:7). Será una
muerte física, el fin de la etapa histórica actual. Mi
Muerte no será la muerte del pecador sino la Muerte del Justo,
por alcanzar el triunfo sobre todas las injusticias humanas. Por eso,
será la muerte del Hombre entero que habrá sabido luchar
por la justicia, la libertad y la dignidad para todos. "Felices desde
ahora los muertos que mueren en el Señor" (Apo. 14:13).
¿Qué habrá después de mi Muerte? Una vida
de ultratumba. Más allá de mi Muerte el pecado
habrá sido borrado por completo (Rom. 6:10). Eso significa que
habrá un nuevo tipo de silencio total por la desaparición
de raíz del mundo viejo con todas sus injusticias para siempre.
Una nueva paz eterna.
Desde ese entonces seguirá el mismo Hombre del actual pero libre
del pecado. Serán incorporados a mí todos y cada uno de
los departamentos especializados como son realmente, con una existencia
nueva de manera auténtica y definitiva. Ellos podrán
decir como Pablo "en la libertad con que Cristo nos hizo libres"
(Gál. 5:1). Sin mancha de pecado. “El pecado ya no los
volverá a dominar, pues no estarán bajo la Ley, sino bajo
la gracia” (Rom. 6:14). Se habrá acabado el cautiverio del
mundo viejo, para empezar a gozar la alegría eterna. Se
cumplirá lo que está escrito "Yo soy Yahveh, vuestro
Dios, que os saqué del país de Egipto, para que no
fueseis sus esclavos; rompí las coyundas de vuestro yugo y os
hice andar con la cabeza erguida" (Lev. 26:13).
Mi Muerte como Hombre entero no será el fin de todo. No
será la última palabra, sino el comienzo de una nueva
existencia No será el final sino el comienzo de una nueva
y larga marcha por el desierto hacia otra meta que le tengo fijada a la
humanidad entonces liberada, es decir, comenzar a emprender el camino
hacia mi Resurrección, estando yo como Rey y ellos mis miembros
ya incorporados. Será mi Iglesia que nace en el desierto como
una tierra próspera, en justicia y paz, pero aún quedan
sucesos por realizar para que se cumplan todas las Escrituras.
El Bautismo Real
Por el mérito de haber sacado del mundo viejo a toda la sociedad
cristiana, seré reconocido oficialmente por los gobernantes de
todas las naciones, como el nuevo Rey de la tierra, el Jefe de la
Humanidad Nueva. El nuevo Cristo universal, ellos me pondrán
como su segundo en el mando, su representante visible.
En ese entonces, todas las religiones mundiales ya desaparecidas de la
faz de la tierra, quedando solamente el Papado y todo el cuerpo
episcopal liberados del culto. Una vez convenido como Rey, los
gobernantes le pedirá a Pedro, que el hombre entero como Cristo,
es el verdadero heredero del trono, y que yo como su representante
visible será quien se sentará en aquél trono, con
el fin de establecer un nuevo sistema de gobernarse como todas las
naciones desde la Santa Sede. Se cumplirá como está
escrito "Todos los ancianos de Israel se congregaron en la casa de
Samuel en Ramá. Le dijeron: 'Te has vuelto viejo y tus
hijos no siguen tus pasos, ya es tiempo de que nos des un rey para que
nos gobierne como se hace en todas las naciones'" (1Sam 8:4,5).
Esta futura petición que le harán los principales
dirigentes de las naciones, de desear un rey de su tipo en el trono de
San Pedro, se cumplirá como está escrito “Cuando
llegues a la tierra que Yavé, tu Dios, te da, cuando la
conquistes y habites en ella, tal vez digas: "Quiero tener un rey como
todas las naciones vecinas (Deu. 17:14).
Todas las naciones expondrán su deseo de tener un rey en el
trono que le pertenece, y una legislación humana que le sea
propio, basado en la libertad. Esta petición universal
será como resultado de los clamores de los pueblos de la tierra
que obligarán a sus autoridades civiles a hacer suya esta
demanda a Pedro, para integrarse a lo propio y vigente en la Ciudad del
Vaticano.
No solamente seré reconocido por los gobiernos nacionales, sino
que también por Pedro y los Apóstoles ya liberados por
completo del culto, de su vida anterior (Mat. 4:18-20), me
reconocerán oficialmente como Rey de las Naciones. De esta
forma, el mismo Pedro confirmará respondiendo al clamor del
pueblo de poner un rey en su trono, como está escrito "Hazles
caso y ponles un rey" (1 Sam. 8:22). Así ambos, los
Apóstoles y las Naciones Unidas, llegarán a ser uno en
mí, como un Único Cristo en libertad y justicia plena.
El reconocimiento de ambos poderes universales a mi como su Rey,
significará la incorporación oficial de ellos como
miembros de mi Cuerpo. "Hemos sido bautizados en el único
Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya
fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos
hemos bebido del único Espíritu" (1 Cor. 12:13). La
multitud de departamentos especializados dispersos, será en ese
entonces un solo Viviente, separados del antiguo Adán, para ser
incorporados al nuevo, de naturaleza divina, formando un solo Cuerpo
Humano en mí (2 Ped. 1:4; Gál. 3:28).
Esta será la Cruz que sellará la fundación de mi
Cuerpo cristiano con el Bautismo y que todos serán sepultados
conmigo en mi Muerte (Rom. 6:4). Todos serán hechos por medio de
mí y para mí... para que sea la cabeza de mi cuerpo que
será formado, es decir, mi Iglesia. Tanto el Episcopado como las
Naciones Unidas por haber cumplido el mandato de la libertad y los
derechos humanos, serán unidos a mí, como Cristo Total.
LA ASCENSIÓN DESPUÉS DE MI MUERTE
En este tiempo, de la Pasión a mi Muerte, será un tiempo
que resolveré los problemas políticos con las Naciones
Unidas, y en ese tiempo desde mi Muerte, del más allá,
resolveré los problemas espirituales con los Apóstoles.
El Bautismo separa un ante que será político y un
después, será espiritual.
Después de ser Muerto por los hombres, o sea, una vez cumplido
todos los mandatos civiles, se comenzará una etapa nueva y
divina, a prepararse para ser resucitado por Dios. El tiempo en que los
Apóstoles y las Naciones Unidas empiecen a seguirme como mis
miembros incorporados, como un solo Hombre para proseguir mi obra, esta
vez de tipo espiritual, propio de la ascensión de Cristo
después de la Muerte.
En la parte civil, no habrá nada más que hacer, todas las
Naciones estarán viviendo en paz y justicia, nadie estará
pasando hambre, todos los problemas mundiales estarán bajo
control. La incorporación de los miembros como mi Iglesia en el
Bautismo, los será parcialmente, porque como Cabeza veré
las cosas tal como establezcan los hombres que, según las
Naciones Unidas consideran como miembros a las naciones. Por eso, no
podré ir más allá de lo que ellos conocen como
tales, verlo como mis miembros a cada uno de los departamentos
especializados, aplicaré solo la parte visible de la verdad
oculta que he revelado. Por eso, mi Muerte será producto de la
parte política, o sea, muerto por los hombres.
La convocación de un nuevo Concilio
En el Bautismo, seré proclamado como Rey de las Naciones y se
producirá mi entrada al mundo sobrenatural, donde tendré
que resolver la parte espiritual todavía pendiente. Esta vez
serán los Apóstoles con Pedro a la cabeza quienes
empezarán a seguirme, solo con lo puesto como su única
pertenencia (Mat 4:18-22), pero su conocimiento y experiencia de su
estilo de vida anterior le servirán como herramientas necesarias
para asumir su nuevo rol. Lo que haré en ese mundo del
más allá, está también escrito y espera su cumplimiento.
Entonces, yo como Rey tendré la atribución de convocar un
nuevo Concilio, porque mi Iglesia libre de pecado, no puede quedarse
sin el fundamento en qué apoyarse (Mat. 16:18), para la
reconstrucción del futuro Templo de Dios, y formaré a
ellos como mis futuros pastores para gobernar a las naciones. Esto
significará la adopción de una nueva monarquía
para no hallarse un paso por detrás de las naciones, al
reconocerme como el futuro ocupante del trono de San Pedro.
Yo como Rey Justo y Santo, el Cristo único, el Hombre-Total, mi
meta será sentarme en el trono de San Pedro, al fin de los
días, en la Ciudad del Vaticano. "Entonces Pedro tomó la
palabra y dijo: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para
seguirte. ¿Qué recibiremos?" Jesús
contestó: "A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando
todo comience nuevamente y el Hijo del Hombre se siente en su trono de
gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para
juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que haya dejado casas,
hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi
Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por
herencia la vida eterna (Mat. 19:27-29; Rev. 3:21).
Aunque Pedro haya renunciado a la vida pasada, seguirá sentado
legalmente en el trono hasta el último día. Ya que el
trato será entre el Papa y yo como Rey de la tierra. Él
me acompañará como legalmente corresponde su investidura,
ya que él es el administrador de todos los misterios de la Iglesia que debe ser consumada en mí.
En el Concilio, recibiré a Pedro y los Apóstoles como
hombres y mujeres libres igual que el resto de los seres humanos, ya
que ellos mismos habrán puesto fin a las normas
eclesiásticas contrarias a los mandatos universales de las
Naciones Unidas, antes de ser incorporados a mí. Así que
no consideraré sobre sus vidas privadas, sus opciones sexuales,
si se casan y formando familias. La igualdad y los derechos humanos en
ellos serán respetados. Separaré lo privado y lo
público, me interesará esto último solamente.
La convocatoria del Concilio será para confirmar y llevar a
cumplimiento el Concilio Vaticano II y otras enseñanzas de la
Iglesia, sobre todos los temas, bíblicos, litúrgicos,
catequéticos, sociales, laicales. Cosas que para ellos son redes
de la pesca, sus herramientas de trabajo, que hayan dejado
atrás, como cosas viejas que encontrarán en lo nuevo
mediante la libertad humana.
Sustituiré los diez mandamientos de la Iglesia del Papado por
los diez mandamientos que será creada en ese Concilio, como plataforma necesaria para edificar una
Sociedad plenamente justa en el último día.
Como la sociedad entera estará unida oficialmente a mí
como mis miembros, solamente en la parte política, pero
considerar entonces a los miembros en la parte espiritual, como mis
Manos, mis Pies, mis Arterias, etc, será de manera torpe,
confusa, por no estar definida y clara a qué parte de la
Sociedad corresponde ciertos órganos del Cuerpo. Debido a esta
falta de claridad, los propios miembros seguirán discutiendo,
tergiversando, murmurando, dirán que lo suyo pertenece a esto o
aquello de mi Cuerpo. El significado que es biológico pero
vacío, aún sin nada definido. Se estará cumpliendo
esta situación, como está escrito sobre las disputas de
los israelitas en el desierto con Moisés.
Este problema de la verdadera identidad biológica de mi Cuerpo
social se resolverá en el Concilio donde será
perfeccionada, con la ayuda de la misma ciencia actual que para
entonces estará libre de los errores pendientes. Estarán
allí, científicos, filósofos y teólogos a
cargo del consejo pontificio para colaborar conmigo en la
creación del diseño o modelo de la construcción de
mi Cuerpo semejante a un cuerpo vivo de nuestra especie. Serán
quienes tendrán que individualizar los departamentos
especializados, cada una de las instituciones e inventos de la Sociedad
con sus correspondientes Órganos y Tejidos. Desarrollar,
rellenar, tal como un biólogo lo llama por sus nombres a
diferentes partes de un cuerpo humano, como los nombres de distintas
partes del ojo, la mano, el pie, de los huesos, de los nervios, etc. Lo
mismo deberán darles esos mismos nombres biológicos a
todas partes de la sociedad cristiana porque es verdaderamente un
Cuerpo Humano, que nada falta ni nada sobra. Está será la
nueva y soberana tarea de llamar por sus nombres todas las cosas de la
Sociedad humana desde la perspectiva biológica. (Exo. 24-31). En
el Concilio será donde se construirá el plano de la
construcción del Templo de Dios. Esta será la Ciencia de
la Nueva Humanidad que se completará cuando los expertos de toda
clase lleven a buen término y unitaria esta enseñanza
comparativa del reino animal con la historia humana.
También trataré sobre la creación del nuevo
País Supranacional, que significará tener a la Ciudad del
Vaticano como el Estado Capital de todos los Estados nacionales, y
estos como Estados provincias.
Haré que mi Iglesia santa y sin mancha sea subsistida en la
Iglesia Católica, hacerla permanecer, conservar todas las
condiciones propias de su ser y naturaleza. Que sea la misma Iglesia
del Papado, que siga siendo una, santa, católica y
apostólica, pero redefinida con otro corazón, con otra
disposición mental, un tipo de gobierno distinto de aquella, o
sea, mi reino será una monarquía real que
reemplazará a la monarquía papal. Transformación
definitiva de la sombra a la realidad.
Y también trataré sobre los preparativos para el
día de mi entronización, el traspaso del mando del Papado
a mí, como el nuevo ocupante del trono. Dejar a las Escrituras
definitivamente interpretadas, aclaradas y cumplidas en forma oficial
para pasar a la historia.
Estaré allí con los Apóstoles en privado por tres
años, o menos, el tiempo indicado según los evangelios,
posiblemente simbólico. Estaré con ellos, viviré
con ellos. Les formaré, les educaré. Comeré con
ellos.
Durante el Concilio con los Apóstoles, le parecerá a las
Naciones Unidas un tiempo largo (Éxo. 32:1). Indudablemente,
habrán varias sesiones y largos debates entre los presentes, en
cada una de ellas se contará con la aprobación por
votación mayoritaria de los padres conciliares a cada uno de los
documentos, constituciones, decretos, preparados por expertos. La
creación de la Nueva Alianza estará terminada con la
aprobación oficial del Cuerpo episcopal.
La clausura del Concilio significará el fin de todos los
misterios, es decir, dejar todos definitivamente aclarados. No
podrá haber nada sin resolver.
Después del Concilio: instrucción a mi Pueblo
Yo como Rey de las Naciones Unidas, la máxima autoridad humana,
daré por clausurado el Concilio, cuando tengan preparados y
aprobados todos los documentos que serán los mandamientos y
enseñanzas. Emprenderé el paso siguiente que será
la instrucción a las Naciones Unidas.
Una vez fuera, me dirigiré a la humanidad que está en
silencio, en la soledad del desierto, porque no tiene nada más
que decir, viviendo en total justicia y paz. Esperando este momento y
lista para escucharme a sola conmigo el resultado del Concilio que le
daré a conocer todo e impartirles instrucciones religiosas
(Éxo. 24:12; 34:32; 35:1). Le anunciaré que todos los
misterios de la Iglesia hasta el último detalle están
definitivamente resueltos y explicados, ampliados y mejorados
definitivamente. Será el tiempo de la instrucción sobre
las nuevas creaciones, como los Diez Mandamientos, los planos para el
Templo y el sacerdocio.
Anunciaré la Resurrección de los muertos. Como
previamente se ha producido mi Muerte, eso significa que es el
tiempo en que todos estarán muertos. El Concilio y la posterior
instrucción a mi Pueblo se realizarán en el tiempo que el
Ser Humano se encontrará sepultado en su Tumba. Por eso, al
término del Concilio, empezaré a anunciar la
resurrección de los muertos "llegará la hora en que todos
los que están en los sepulcros oirán Mi Voz. Los que
hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida; pero
los que obraron mal, resucitarán para la condenación"
(Jn. 5, 28-29; Dan. 12:2). Esa hora estará cerca, pero antes
deberán recibir mis instrucciones, para que los muertos alcancen
la Vida con la Resurrección.
Expondré los nuevos 10 mandamientos y otras leyes.
Presentaré a todas las santas y justas naciones de la tierra,
algo así como la Constitución de la Nueva Nación
que formaré en el último día. Debo recalcar que
esa Ley será de Dios, será espiritual elaborada en el
Concilio, como la Ley de la Vida para ser cumplida en la futura
Resurrección, que se distinguirá de la Ley Internacional
ya cumplida con Mi Muerte, pero formará parte para la Eternidad.
Se cumplirá como está escrito: "¿cuál es la
gran nación cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda
esta Ley que yo os expongo hoy?" (Deu. 4:8).
Esta Ley imperecedera será para la Nueva Humanidad liberada del
pecado y la injusticia (Deu. 4:44,45), pueda escuchar mi voz, y que
actúen conforme a todo lo que les mande (Deu. 31:12; Jer. 11:4).
Una paz eterna entre mi Pueblo y yo (Jer. 31:31, 33; Eze. 37:26).
Anunciaré la construcción del Nuevo Templo sagrado. El
propósito de que yo haya liberado a la humanidad de toda
injusticia, es para poder cohabitar con mi Pueblo, como
está escrito “Me van a hacer un santuario para que yo
habite en medio de ellos” (Éxo. 25:8; 29:46).), Esta es la
razón principal de la convocatoria del Concilio para hacer el
diseño completo por mi mismo con mis colaboradores. Por eso, le
haré conocer a los gobernantes de todas las Naciones, todas las
prescripciones del Templo, conforme al modelo hecho en el Concilio,
para que ellos hagan todas las cosas, según los planos y las
instrucciones detalladas sobre cada una de ellas (Éxo. 25:9). Me
corresponderá supervisar este proyecto de la construcción
del sagrado Edificio hasta completar el trabajo.
Será el tiempo de la instrucción sobre la creación
del Edificio que será mi nuevo Cuerpo Humano (2 Cor. 5:1,2),
definiendo cada una de las cosas de la Sociedad con sus respectivos
órganos y tejidos completos.
Pondré sobre las Naciones a los Apóstoles. Le diré
a todas las Naciones Unidas que me serán mi Pueblo Santo, cuando
le anuncie la designación de los Apóstoles para que sean
mis sacerdotes preparados para pastorearlas, para que se cumplan lo que
está escrito en Éxodo 19:6 “los tendré a
ustedes como un reino de sacerdotes, y una nación que me es
consagrada”. Y que lo tendré separados de ellas
(Éxo 28:1). De esta forma formaré a los dos una sola
Nación Santa.
Y fin de la instrucción. Yo diré todo lo indicado por el
Concilio y pondré fin al tiempo de la instrucción (Exo.
40:16). Y pondré a la espera de la respuesta del hombre.
Mi proyecto aprobado por toda la Humanidad
En el acto preparatorio, que consiste en instruir a todas las Naciones
Unidas para lograr finalmente su aprobación unánime a mi
proyecto de formarlas juntos a los Apóstoles como mis sacerdotes
en un solo pueblo para mí, como está escrito
“si ustedes me escuchan atentamente y respetan mi alianza, los
tendré por mi propio pueblo entre todos los pueblos. Pues el
mundo es todo mío, pero los tendré a ustedes como un
reino de sacerdotes, y una nación que me es
consagrada…Todo el pueblo a una voz contestó: "Haremos
todo lo que Yavé ha mandado“ (Éxo. 19:5,6,8; 24:3).
La respuesta del “Sí” de toda la humanidad a todos
los documentos hechos en el Concilio, significa que aceptarán
todas las obras que yo haré, como la construcción
biológica de mi Cuerpo, donde cada parte de la Sociedad se
incorporen en sus lugares correspondientes. Que aceptarán la
formación de la Nueva Nación, en la cuál, la
Capital será la Ciudad del Vaticano, y los estados nacionales
como provincias, reunidas a mí como su Rey sentado en el trono
de San Pedro en el último día.
Como todas las Naciones Unidas, más de 200 países,
decidirán libremente su futuro eterno, por lo que este proyecto
de la fundación del Nuevo Pueblo de Dios, tendrá que ser
analizado para ser aprobado en sus respectivos parlamentos. Sin
embargo, se cumplirá lo que está escrito, como ese texto
del párrafo arriba que la respuesta del “Sí”
será unánime.
Después de eso, todo el Pueblo será llamado a reunirse
para celebrar la ceremonia de la Nueva Alianza. Los pactantes
serán: El Episcopado, las Naciones Unidas y yo. Primero, yo como
Rey de las Naciones seré reconocido por ambos, en forma oficial,
como el Creador o Fundador de la Nueva Nación, el nuevo Pueblo
de Dios. Con este Pacto, la humanidad entera me dará la
autoridad para crear estos “cielos nuevos y una tierra nueva"
(Isa. 65:17,18; 66:22).
Después, entre los dos pactantes, los Apóstoles con el
Papa todavía su jefe legal, reconocerán a las Naciones
Unidas como sus miembros inferiores, los cuales corresponderán a
los numerosos sistemas del Cuerpo. A su vez, estos reconocerán a
los primeros como sus autoridades superiores, equivalente al sistema
Nervioso Central. Y el Pacto tripartito, que yo como Soberano lo
reconoceré a los otros dos desde la perspectiva biológica
o ver a la Sociedad humana como mi Cuerpo Humano, a los
Apóstoles como mi Cerebro-Espinal, y a las Naciones Unidas como
mi Autónomo y los demás sistemas de mi Cuerpo (Jos.
24:25). Lo mismo entre ellos, a mí como su cabeza, por ejemplo,
“yo soy el Corazón de Cristo”, “yo soy la Mano
de Cristo”, etc., o “él es mi Cabeza y yo soy su
Corazón”, o “somos de su Cuerpo Humano”.
En esos pactos, yo me comprometeré en mi calidad de Rey, a amar
y proteger a mi Pueblo. El pueblo se comprometerá a amar, a
escuchar y a obedecer a mí, a cumplir esta nueva Ley del Amor.
En total paz y felicidad.
Después de completar esta Ceremonia de Pactos, todo mi Pueblo
unido a mí, como uno solo Hombre, comenzaré a construir
el Templo de Dios de acuerdo al diseño hecho en el Concilio
(Éxo. 25:9).
Todo el Pueblo dispuesto a trabajar por la Construcción de mi Cuerpo
La respuesta unánime del Pueblo a mi proyecto,
significará para mí, en mi calidad de Rey de las
Naciones, dar el vamos a la construcción del Templo que
será mi Cuerpo, siguiendo meticulosamente el modelo del
Concilio. Esta respuesta humana significará también que
todas las naciones estarán dispuestas a trabajar con mucho
entusiasmo en la Obra (Éxo. 36:1,2).
Este gran logro humano, no será posible si primero se luchara
conta la opresión e injusticia, para que después venga un
período de máximo esplendor para que la humanidad entera
pueda entregarse por completo a esta maravillosa tarea espiritual.
Así como David con sus guerras estabilizó el país
para que su hijo y sucesor Salomón pueda construir el templo en
tiempo de paz.
En el trabajo de la Construcción, habrá dos etapas que se
cumplirá como está escrito. Primero, llamaré a los
principales representantes mundiales a traer sus respectivas
áreas como ofrendas. Todos mis miembros vendrán como
voluntarios de corazón a ofrecer lo suyo, sus conocimientos y
experiencias, con sus nombres verdaderos, como partes identificadas,
por ejemplo, uno dirá “yo traigo la parte que pertenece a
un elemento de la Mano”, otro dirá que es del Pie, otro,
que es del Corazón, etc. (Éxo. 35:4-35). La humanidad
entera será como maestros y trabajadores que se
presentarán y se identificarán ante mí trayendo lo
suyo, uno por uno hasta completar lo reunido (Éxo. 36:3-7).
En la segunda etapa, será el trabajo de la Construcción,
cada cuál levantará su parte en el Templo. Todos mis
miembros traerán lo suyo, su parte identificada en la Obra,
conforme al modelo del Concilio, por ejemplo, coordinar los 200 Huesos,
unos 650 músculos, 100 articulaciones, que tendrá mi
Cuerpo. Reflejados con sus correspondientes partes de la estructura del
tabernáculo como su mobiliario (Éxo. 36:8-39:43). Esta
será la forma de restaurar todas las cosas dispersas en forma
definitiva.
Cada una de las cosas de la Sociedad que son miembros se
juntarán para transformarse en mis Manos, en mis Pies, mi
Corazón, mis Arterias, mis Nervios, mis Huesos. Por ejemplo,
aquellos que trabajan con el telescopio, microscopio, cámaras
fotográficas, etc., se unirán para prepararse a formar mi
Ojo. Lo mismo las demás cosas.
Esta será la Obra realizada por un único Hombre, cabeza y
miembros, ya que a mis miembros lo incorporaré para que lleguen
a ser mi Mano, mis Pies, etc. Llegarán a ser Yo Mismo.
Así como está escrito de mí, “El
constituyó a los unos apóstoles, a los otros profetas, a
éstos evangelistas, a aquéllos pastores y doctores, para
la habilitación de los santos en orden a la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos
todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la
madurez del varón perfecto, a la medida de la estatura de la
plenitud de Cristo” (Efe. 4:11-13). También el mismo Pablo
escribió "Y todo esto es obra del mismo y único
Espíritu, que da a cada uno como quiere... Dios ha dispuesto los
diversos miembros colocando cada uno en el cuerpo como ha querido" (1
Cor. 12:11,18).
La construcción del Templo de Dios será la Obra del
Hombre-Total, como Moisés quien levanta el tabernáculo,
él y todos los miembros de su cuerpo (Éxo. 40:17-33).
Moisés es figura y sombra de las cosas sobrenaturales que yo
haré (Deu. 18:15, 18; Heb. 8:5). Lo mismo el Rey Salomón
con la construcción del Templo de Jerusalén (1 Rey. 6-7).
Que le inspiró a los constructores de los templos medievales.
Todos irán levantando lo suyo en sus lugares correspondientes,
conforme al modelo, hasta completar la Construcción del Templo
que será mi Cuerpo. Yo veré todo el trabajo para
comprobar si la Obra está perfecta al ser comparada con el
diseño arquitectónico trazado en el Concilio. Una vez
terminada, no habrá más trabajo para la
construcción por los siglos de los siglos “Para construir
la Casa, se usaban piedras talladas en las canteras; mientras
duró la construcción no se oyó en la Casa ni
martillo ni hacha ni ninguna herramienta de fierro” (1 Rey.
6:7).
Entonces, daré por concluida esta labor (Éxo 39:42-43). Con esta
aprobación final, será señal que se habrá
acabado el largo peregrinar por el Desierto, desde la salida del mundo
viejo, pues el término de la Construcción del Templo,
será el comienzo de mi Resurrección como Único
Viviente.
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