Inicio Contacto Donación












Solo con tu aporte me permitirá hacer crecer mi proyecto de misión. Si lo deseas, pulse en el botón de abajo



Sígueme en Twitter

Facebook





9. Mi Entronización (La meta final)


El día que la Nación Supranacional será edificada sobre el fundamento de los Apóstoles

1. El Hombre Resucitado será consagrado como nuevo Pastor Universal por Pedro.
En ese día se cumplirá todas las Escrituras, cuando nuestra nueva Nación sea cimentada sobre los Apóstoles, y cuya piedra angular seremos nosotros el Mesías total (
Efe. 2, 19-22). Será en la Ciudad del Vaticano culminará nuestra Marcha para edificar nuestra Iglesia sobre Pedro (Mat. 16:18), que será la monarquía del pueblo que vamos a reemplazar a la monarquía papal (Deut. 17:14; 1 Sam. 8:4,5).

En aquél día, Pedro aún seguirá siendo el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano pero hará sus últimas actividades, estarán allí el Episcopado en pleno, y a todos los gobernantes de las Naciones Unidas para estar presente en la inauguración de la Nueva Monarquía: será la última ceremonia, donde se producirá el cambio del cabeza papal al cabeza que es el Cristo (
1 Sam. 11:14,15). Será el fin de la misión del Obispo de Roma como Pedro y el Nacimiento de Cristo, el Hombre Nuevo y verdadero Pedro en gloria y majestad.

Será Pedro en el nombre del Cuerpo Episcopal, quien después de haber proclamado oficialmente al Hombre Resucitado, tendrá que coronar al cabeza mesiánico que es el pueblo por medio de mí, su voz oficial, su representante o la voz del pueblo. Esta unción de parte de él como jefe de la Iglesia en misterio al jefe de la nueva Iglesia, significará traspasarnos los mismos títulos que ostenta aquél, como Padre de reyes, Gobernador del mundo, Vicario de Cristo. Sacará su anillo de pescador y colocará en mi dedo, me pondrá la cruz pectoral sobre mi cuello, y su investidura fina en mí (
Gén. 41:42; Dan 2:48; 5:29.), símbolos propios de la autoridad humana, y me hará sentar en ese trono que está en la Ciudad del Vaticano, ante la presencia de todo mi nuevo pueblo de Israel espiritual. Así será el Rey heredero con todo su ejército victorioso, su Cuerpo social, un único Hombre que llegará al Templo para ser coronado como el nuevo Sumo Pontífice y sentarse en ese trono que le pertenece (Mat. 25:31).

El ungimiento como Cabeza de mi nueva Iglesia, la cual será mi Cuerpo social, completamente construido (
Efe. 1:22,23). Para que en todo tenga en mí que es el pueblo la primacía (Col.1:18). Será el Sumo Pontífice saliente quien me consagrará como nuevo Sumo Pontífice (1 Sam. 10:1). En este acto, seré coronado, en sentido teológico, como Rey, Sacerdote y Profeta. De esta manera, encarnará mi misión y mi autoridad universal, para gobernar sobre los Apóstoles y las Naciones Unidas, conforme a los mandatos de aquél Concilio (Deu. 17:14-20). En ese entonces, seré consagrado como el verdadero San Pedro, que obtendré los títulos propios de Jefe de la Humanidad, Pastor Universal. Los títulos de San Pedro hasta entonces vacío y en misterio serán definitivamente llenados. La marcha de toda la historia humana culminará en mi entronización, la meta final del ser humano (Efe. 1:10; Col. 1:16,18; 3:11).

Una vez terminada esta Ceremonia de mi Entronización, Unción-Elección, el Obispo de Roma, ya no será más Pedro, abandonará todas sus funciones y será cambiado de residencia, se irá a su respectiva Diócesis, para retomar su función de Obispo de Roma. Él se sentará como todos los demás obispos allí presente en ese día. El abandono de la Santa Sede del Obispo de Roma será señal de que todos los misterios de la Iglesia se habrán realizado y cumplido definitivamente, y el fin del mundo.

2. Las instituciones globales y nosotros el pueblo, un solo Hombre Coronado.
Todos los títulos y funciones que recibiré de Pedro en aquél día, no serán solo para mí, sino que también para todos mis miembros sociales, que serán todas las instituciones globales que existen, como la verdadera diversidad de dones y carismas, a través de sus principales dirigentes. Por ejemplo, al ser consagrado como Pastor Universal, haré fluir este título a todos los miembros de mi Cuerpo, porque serán posesión de la Cabeza (
Apo. 1:6; 5:10). Es decir, al ser coronado como cabeza que es el pueblo como Rey, Sacerdote y Profeta, coronaré a mis miembros de mayor a menor grado, como reyes, sacerdotes y profetas (Apo. 17:14; 19:16). Primero a los miembros superiores que serán los Apóstoles, después a los miembros inferiores que serán las Naciones Unidas, según el orden hasta a los más bajo de la sociedad (Sal. 133:2). Como afirma San Agustín: “No ha sido únicamente nuestra Cabeza la que fue ungida, sino también nosotros su Cuerpo” (Salm 26). Que como Cabeza iluminará a todos sus miembros, los cuales serán la lámpara (Apo. 21:23).

Y lo haré sentar en sus respectivos tronos de autoridad, llegando a ser uno en mí, porque ellos tendrán mis mismos privilegios, porque es imposible sentarse en ese trono que está en la Santa Sede solamente el Cabeza sin sus miembros que es el Cuerpo, por eso lo haré sentar conmigo todo mi Cuerpo social, como Hombre completo (
Efe. 2:6). Yo como Cabeza que es el pueblo y todas las instituciones globales apostólico y nacionales como mi Cuerpo no habrá más que un solo Sumo Pontífice (Heb. 4:14; Mat. 19:28). Este Jesús será el Hombre entero, cabeza y miembros, no habrá más que un sólo Monarca, un único Ungido por derecho de conquista. El nuevo Pedro no solo será el pueblo y cabeza sino que también todos sus miembros institucionales, será el hombre entero que tendrá la investidura blanca, un único San Pedro (1 Ped. 2:4,5). La unión suprema será sellada, quedando definitivamente consumada como Hombre Celestial mencionado por las Escrituras. El Reino de los cielos estará completamente consolidado, consumado con nuestra entronización.

3. La institución de la nueva Nación Supranacional
Sentado en mi trono glorioso de San Pedro, como cabeza de la humanidad con los mismos títulos, las mismas funciones de Sumo Pontífice, del desaparecido Papado, para fundar mi nueva Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles, según como se describa el estatuto religioso y político, que representará la carta magna de este nuevo Templo de Jerusalén celestial que será inaugurada. Para ese entonces, la muerte ya estará destruida y se comenzará hacer nuevas todas las cosas (
Apo. 21:4-5.).

Estableceré mi nueva Iglesia en la Santa Sede, con los Apóstoles como mis autoridades superiores, y a los jefes de Estados y de Gobiernos de las Naciones Unidas, como mis autoridades inferiores, y a todos los demás miembros especializados diversos de mi Cuerpo social en grados menores. Pondré a la Ciudad del Vaticano como la Capital de todos los Estados nacionales, y estos serán convertidos en provincias. El Cuerpo Episcopal, como los Doce Apóstoles gobernará conmigo como los Pastores sobre las Naciones Unidas (
Mat. 19:27-29; Rev. 3:21). Será establecido el único País formado de toda la tierra, divino y humano, los Apóstoles y las Naciones Unidas junto a su cabeza. Quedará establecida la Nación Universal, grande, poderosa y numerosa, como Pueblo sabio y entendido sobre el fundamento de los Apóstoles en la ciudad del Vaticano. Será la Patria Celestial consumada.

Los mandatos de aquél Concilio será la regla universal de la vida humana, que incluye los mandatos universales de las Naciones Unidas, ambos eclesiástico y político. Quedando sellada esta obra maestra de la Humanidad con la unión definitiva de los miembros conmigo y entre sí (
Efe. 4:13).

Se comenzará formalmente nuestro reinado sobre la nueva Iglesia Católica que subsistirá a la antigua Iglesia Católica del Papa (
Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 8.2). Será la Iglesia reconstruida o restaurada con justicia de la antigua Iglesia ritual pero sin justicia (Jua. 18:36; Hec. 1:6; 2 Ped. 3:13), levantada de sus ruinas (Amó. 9:11,12), de sus tumbas (Eze. 37:12). Con nuestra soberana autoridad sobre las instituciones que estarán sujetas a mi dominio, como mi posesión (Dan 7:27). Quedará afianzada la unidad de las Naciones y estos a sus nuevos pastores. Esta será la venida de manera gloriosa del mismo Mesías (Hec. 1:11), que sacó al mundo de la injusticia para construir la Nación definitiva (Lev. 25:38).

Con la fundación de nuestra definitiva Iglesia en la Ciudad del Vaticano significará el fin del mundo, porque será allí completaremos finalmente las cuatro etapas históricas, el tiempo Precursor, la Pasión, Muerte y Resurrección del Mesías (
Apo. 21:1-4). También sellaremos la separación de la solución definitiva de los problemas mundiales perfectamente controlados, ya que no habrá más otros nuevos (Mat. 25:31-32; 1 Juan 5:18).

4. Se comenzará la Era del País Eterno.
Inauguraremos la nueva historia con la Nación supranacional que edificaremos sobre el fundamento de los Apóstoles y durará para siempre. Será siempre la misma, no existirá distancia ni extensión, el siempre Hoy. Por eso, nada de esta Patria Celestial cesará, así como siempre hay siembra y cosecha, frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.
La larga marcha emprendida por todos los pueblos del mundo desde el comienzo del tiempo precursor culminará con nuestra entronización, y de aquí se comenzará la era en que el pueblo estará siempre a la cabeza y las autoridades pastorales y civiles sometidas. Seremos el nuevo soberano de la Ciudad del Vaticano, y tendremos la plena jurisdicción sobre todas las instituciones globales, como nuestra Iglesia, sin mancha y perfecta. Desde el trono de San Pedro conservaremos la unidad y la estabilidad de nuestro reino en libertad, justicia y fraternidad. Nuestra Casa y nuestro trono serán estables para siempre.

De acuerdo al Concilio Vaticano II habrá una sucesión perpetua en el trono. En la Santa Sede, donde estará ubicado el gobierno central, que supervisará para que se mantenga todo lo conquistado, lo logrado, como la unidad política, económica, social, lo mismo la unidad de los Apóstoles y las Naciones Unidas, para que jamás se rompan por los siglos de los siglos. (
Efe. 4:3,4).

Nuestra Iglesia estará establecida sobre el cimiento de los Apóstoles, por lo tanto los Obispos regresarán a sus respectivas diócesis para comenzar a presidir, mientras que el papel de las autoridades será regular los bienes de la sociedad humana. Los Obispos como autoridades superiores tendrán la misión de que nadie de la humanidad le falte techo, abrigo, alimento. Ellos se encargarán de que todos los mandatos universales de las Naciones Unidas se cumplan, que las autoridades civiles de sus respectivas jurisdicciones continúen dando adecuadamente a todos los ciudadanos que necesitan, que estén bien alimentados, evitando que nadie pase hambre ni un día, y que todos puedan participar en el progreso económico y social de ese futuro País Universal, o la nueva Iglesia Católica bajo la Ley del Amor. Se comenzará la era de la tierra prometida donde todos los que ansian justicia verán colmada su aspiración (Ëxo.3:17; Deu. 8:7-9). El largo caminar habrá terminado, tranformando el desierto en paraíso (Isa. 35:6-10; 41:18,19; 43:18-20. Este será el mundo nuevo que está para nacer.

Sentarnos en ese trono para edificar nuestra iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles, será el inicio de la Iglesia eterna, porque todos los problemas mundiales estarán siempre bajo control, por todas las generaciones, siempre en vida y en abundancia. Desde entonces ya no existirán más misterios, porque serán cosas del pasado, los libros sagrados pasarán a la historia. La Humanidad siempre recordará esta experiencia salvífica de la historia “De generación en generación se celebran tus obras, se cuentan tus proezas” (
Sal. 145:4).

¡Mire! todos los reinos del pasado dominaron un tiempo, como los dinosaurios tuvieron supremacía sobre la tierra por 150 millones de años. Sin embargo, esta Nación futura tendrá su dominio para siempre jamás, que no tendrá fin (
Dan. 2:44). Esta será la futura Iglesia Católica que permanecerá para siempre tal cuál será, para no ser reemplazada por ninguna otra.

5. A la Conquista del Universo
Desde el comienzo de nuestra muerte se habrá perfeccionado definitivamente el buen conocimiento del Cosmos, para entonces los hombres tendrán todas las condiciones necesarias, para establecerse fuera de la atmósfera terrestre, contando con satélites artificiales, y naves espaciales tripuladas y reutilizables, y no tripuladas, máquinas perfectamente ajustadas a las leyes de la astronomía. Seguridad en los vuelos, atracar o acoplar naves, reabastecimiento, paseo o caminata espacial, reparaciones de satélites y naves, establecer estaciones espaciales. Elaborar mapas, analizar y medir el tiempo, extraer muestras de la superficie de los cuerpos celestes. Poner pie y establecerse en forma permanente en los objetos celestes lejanos. Todos llegarán a ser perfectos al ser liberados de sus problemas pendientes.

Mi Iglesia estará creada, que a partir de ese día sentado en mi trono anunciaré el término de la conquista de tierras y pueblos (Apo. 21:1-5; Isa. 65:17), y dar inicio a la era de la conquista de las estrellas. Las estrellas en los cielos serán nuestra nueva conquista. El hombre ya no será terrenal sino celestial, empezar a mirar a lo alto, a las estrellas de los cielos (Job 22:12). Hay un Universo que conquistar, con las áreas de la astronomía y la astronáutica, listas y preparadas para dominar y poblar cientos de miles de millones de galaxias, en cada una de ellas hay unos cien mil millones de estrellas. ¿Será posible eso? Sí, porque el Hombre entronizado vivirá para siempre (Sal. 45:6), todo lo que haya en los cielos será para dejar a su disposición. Si el hombre viejo ha sido destinado para vencer y dominar la tierra, lo mismo el nuevo lo hará en el cosmos, dominarlo. El pueblo como Jefe empezará a llamar a todas las naciones para participar esa tarea futura, colonizar y dominar el cosmos para el crecimiento eterno de mi reino.

Como no se hallará nada nuevo en el Universo, sino que se hallará siempre las mismas cosas ya conocidas actualmente. La materia, energía, tiempo y espacio, será todo lo que hay, no habrá nada nuevo que descubrir en el firmamento, solo habrá que adaptar sus inventos para superar distintos obstáculos, dificultades cósmicas y poder colonizarlo. En esta nueva conquista, la ciencia, la tecnología y todos los demás conocimientos siempre serán los mismos, que no tendrán ni pasado ni futuro, serán siempre hoy, pero si serán mejorados, ampliados para superar las dificultades más grandes en sus conquistas interplanetarias e intergalácticas. El universo es tan infinito que la conquista en sí parece no tener fin.

Desde el inicio del tiempo precursor que comenzará mi predicación pública, no habrá más hallazgos o descubrimientos desconocidos, dando a entender que no se hallarán otras nuevas humanidades lo que comprobará que no existen tales cosas en el universo. En definitiva, el vasto universo se formó solamente para el Hombre, su meta, su fruto, y de ahí llevarlo para su crecimiento eterno. Quedará demostrado que el Hombre es único en el universo, lo que significará espiritualmente, la tierra es el centro del universo, como enseñó la Iglesia medieval.

Será una historia eterna de crecimiento del Cuerpo de Cristo. Como no se hallará nada nuevo en el Universo al comienzo de mi predicación pública y precursora, se hallará siempre las mismas cosas ya conocidas actualmente, eso significa que el Hombre siempre será el mismo, porque mantendrá la misma cantidad de áreas del conocimiento humano. Por eso, al final de este largo camino, cuando nos sentemos en nuestro trono llevaremos consigo todas las partes de la Sociedad al espacio, autoridades eclesiásticas y civiles, médicos, ingenieros, profesores, todas las demás profesiones y oficios. Es decir, todo nuestro Cuerpo social seguirá creciendo por igual, sin cambios ni sucesión, tenderán a avanzar en un sentido que no se detendrán nunca, de terrestre, a interplanetario, galáctico e intergaláctico.

El crecimiento de esa futura Iglesia será constante, así como la planta crece y desarrolla, que extiende sus ramas en todas direcciones. Esta forma de crecer será inevitable, nada lo podrá parar. Según la ciencia, el Universo siempre está en expansión, entonces, el progreso no tendrá fin.




8. Mi Resurrección 10. Preparación y el Bautismo mesiánico





Inicio       Contacto      Donación
Copyright 2012  Alen Foper. Todos los derechos reservados